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martes, 16 de junio de 2020

Rosita Fornés sobrevivió a la nostalgia.




Rosita Fornés sobrevivió a la nostalgia.

Por Lázaro Sarmiento.
  

Hace unas horas, un  joven me mostró en  su antebrazo un tatuaje con el autógrafo de la estrella y un dibujo alegórico. Ese joven fue niño rositómano como antes lo fueron sus padres y los padres de éstos. El fervor hacia Rosita Fornés se originó hace tres generaciones y quizás sea muy parecido al entusiasmo con el que los niños aclaman en la actualidad a sus ídolos del fútbol.

 

Recuerdo que hace unos años, en una casa de la Víbora, un venerable anciano conservaba orgulloso  una cajita de fósforos con  lentejuelas de un vestido que la artista había usado en una de sus temporadas en el Teatro de la Comedia. Los niños rositómanos crecieron: llegaron o la mitad de la edad de su estrella, o la alcanzaron. Tienen hijos, sobrinos o amigos jóvenes. Heredaron el mismo fervor por la artista que cruzó como un cometa el cielo de sus emociones. Los niños rositómanos están en todas partes. Y los que viven fuera de la Isla se llevaron en sus maletas, gritos, fotos, adjetivos y el eco de los teatros.

Norma Desmond lo intuyó en dos oraciones: “Nadie deja nunca a una estrella. Eso es lo que las vuelve estrellas”.

Ignoro la edad en que un niño se enamora de una estrella de televisión. Incluso un niño cuyos amigos de su barrio tenían como estrellas a los lanzadores de béisbol. En algún momento quedó cautivado por una artista rubia, que salía una vez a la semana en la pequeña pantalla. Interpretaba canciones, comedias y dramas y lo hacía como princesa, duquesa, vampiresa, viuda sensual, chica ye ye (hasta bailando mozambique) alegre dolly, cleopatra, se rodeada de bailarines, se cambiaba varias veces de vestuario y parecía que todos los reflectores del mundo coincidían sobre el aura de su rostro. La cámara se enamoraba de su belleza. Y ella aceptaba el galanteo. Yo siempre escuchaba los mismos comentarios de mi abuela desde la cocina sobre los años de la artista: Lazarito, la edad de Rosita viene de un tiempo muy lejos. ¿Qué importancia podía tener para un niño el tiempo, si eso es lo que más le sobra?

En una Escuela al Campo que carecía de aparato de televisión, atravesaba una noche cada semana un escabroso campo de papas hasta el campamento más cercano donde había una caja de las ilusiones para ver su programa favorito del Canal 6. No caminaba solo por la oscura guardarraya. Se las arreglaba para arrastrar consigo a algunos de los jugadores de béisbol.

Mi abuela se equivocaba cuando decía que la edad de la estrella venía de muy lejos. No, abuela, Rosita Fornés viene de una esa zona en la cual las cronologías desaparecen, el glamour se reafirma, lo mítico trasciende, el personaje se fabula (derecho democrático de sus admiradores), y la memoria de una generación pasa a la siguiente.

Hace unas noches presencié en el programa La danza eterna una emisión dedicada a la larga trayectoria artística de Rosita: fragmentos de películas, kinescopios, videos de sus programas y de sus grandes recitales. Aunque mi emoción no puede ser la misma de un adolescente, me reafirmé en la admiración. No encontré un solo gesto fuera de lugar en las actuaciones reunidas de la artista a través del tiempo. No es el elogio que merece cuando repetimos que su mérito descansa en la diversidad de géneros que interpretó. Que era una artista completa. Es verdad. Pero hubo otras con demostrada versatilidad que no trascendieron. Se desvanecieron en las secciones de farándula de las revistas.
Los valores de Rosita Fornés se sustentan en lo adecuada que estuvo en cada papel y en esa magia indescifrable que la acercó a la perfección. Trabajó con la disciplina de una obrera. Basta revisar cualquiera de los numerosos videos subidos a YouTube y a otros sitios de la internet: Miro como se vuelve de espaldas a la cámara para alejarse escoltada por sendas filas de percusionistas hasta perderse en el fondo del set luego de una clase magistral de prestancia y 
 decantación de gestos, mientras el cuerpo juega con una boa blanca que, más que una prenda, parece un animal rendido a su sensualidad. No exagero. Hay un extenso material visual como testimonio.

Rosita Fornés trascendió porque el público así lo quiso. La popularidad es una categoría que ningún decreto puede establecer. La popularidad es la reacción espontánea y acumulada de las multitudes. Y cuando esa popularidad se cimenta junto al cariño y la dignidad artística estamos en presencia de un símbolo en el horizonte cultural de una nación.
Al ver las fotos que sus admiradores publican en las redes sociales, imagino los paisajes que están detrás: la Corte Suprema del Arte, la Guerra Mundial, el Tívoli del DF, mimada por el lente del mexicano Herrera, actuaciones esporádicas en Churubusco, posando para el cubano Armand, Barcelona, la Guerra Fría, el platillo volador en la Ciudad Deportiva , conquista Moscú y toda la Europa Oriental , los estudios del Focsa , el teatro Amadeo Roldán, su interpretación de “Es mi hombre” en el Mella mostrando sus muslos gloriosos contra la gravedad sostenida por el Chino Castellanos, a una edad en que ese movimiento acrobático era una proeza …Y por último, aquella revista memorable en el 2008 en el Anfiteatro de la Habana en la que quizás fue la última de sus presentaciones con ritualidad de gran vedette.

Cuando finalizó el homenaje de La danza eterna, pensé en el niño que una noche descubrió un programa de televisión donde las cortinas se descorrían como en los teatros y se oían voces en off "¿Qué hora es? Es hora de comenzar… " Y aparecía deslumbrante la reina del show.

Sentí que volvía a mi casa de Luyanó y bajaba a la esquina para contarles a mis amigos del barrio noticias inventadas sobre su artista favorita en la televisión. Entonces el niño no sabía que aquella era una época difícil para una estrella. Había funcionarios que desconfiaban del glamour, las plumas, las lentejuelas, de los cambios constantes de vestidos. Sin embargo, siempre estaban - y nunca faltarán - las ilusiones. Volví a escuchar las frases que le gritaban sus fanáticos desde la platea y a la salida de los espectáculos. Algunos con delirio. No hay nada raro en esa vuelta. La palabra nostalgia en su origen griego fue nóstos, es decir, regreso al hogar. Rosita Fornés había regresado a la casa de las emociones.

Ella sobrevivió a la nostalgia.

martes, 11 de marzo de 2014

ESQUINAS DE LA HABANA.

Prado y Neptuno, una de las esquinas fabulosas de La Habana. Pero el diseño del Hotel Parque Central le quitó vida y encanto a los antiguos portales del lugar, antes colmados de gente, librerías y bares.  Ahora parece que el error no se repetirá en el nuevo Hotel Manzana (antigua Manzana de Gómez) pues el imponente edificio   conservará sus tiendas y galerías en la planta baja.  

miércoles, 10 de octubre de 2012

EL CARIÑO VIAJABA CON LETRAS PALMER.



Mi abuelo Manuel  llegó a Cuba en 1919 procedente de Gran Canaria.  Aquí   se unió a varios hermanos que se le habían adelantado. Allá,  quedaron sus padres,  tíos, primos y una hermana,  con los que siempre  mantuvo correspondencia.  Cuando sus progenitores murieron  mi abuelo siguió  intercambiando cartas con su  hermana Ana,  que vivía en  Mogán, una típica localidad  canaria.   Fueron muchas las  misivas que cruzaron el Atlántico pues  los dos tuvieron largas vidas. En una época,  mi abuelo me dictaba sus  cartas pues estaba orgulloso de  mi buena letra “palmer”.   Yo  intentaba alcanzar la perfección  de aquella caligrafía "por movimiento muscular, con letra cursiva, sencilla y sin sombrear”.
Luego mi prima Lourdes  me reveló  en la escribanía.  Mi abuelo murió en 1997 en Madruga,  municipio  de la entonces provincia La Habana.   Conservo algunas cartas  de  Ana.   Siempre me  ha  conmovido la fidelidad  de ambos  hermanos al microcosmos  familiar ,  a las costumbres interrumpidas ,  a los  casamientos y bautizos   en los que no participaron, a las comidas no celebradas, a la alegría volátil. ..  Y a pesar de la lejanía enorme, esas historias de emociones y  anecdótas sencillas  de los dos clanes  fueron  salvadas  cada mes a través del correo  trasatlántico durante casi setenta años.  
Esta tarde  adquirí en un una librería de viejo un cuaderno de Método Palmer,   similar al que tuve  de niño.  Fue como si  volvieran  a pasar por mis manos  las numerosas cartas  entre Mogán y Madruga , entre Ana y Manuel,  y ese cariño  familiar   que viajaba en  cada letra Palmer.

La vieja  casita de piedras en Venegueras donde nació mi abuelo, conservada por sus valores etnográficos. Foto de 2008.

Método Palmer, de Caligrafía comercial.  Nueva York, 1949.

Por estos caminos transitó mi abuelo  en 1919 para abordar el buque Valbanera.  Por equivocación mi  abuelo se bajó en Santiago de Cuba.  Eso le salvó la vida porque el Valbanera  naufragó  frente a las costas de La Habana a causa de un ciclón.

lunes, 28 de mayo de 2012

UN ELEFANTE EN DRAGONES Y ZULUETA.



Por: Lázaro Sarmiento

Me encontré con un elefante en la esquina de Dragones y Zulueta, en el portal del Teatro Martí. Recién nos habíamos mudado para La Habana y mi madre, entonces una joven y hermosa guajira, me llevaba cogido de la mano. Íbamos hacia la calle Damas, que termina en la Avenida del Puerto, buscando una dirección cuando nos sorprendió el paquidermo que, con la parsimonia misteriosa de su especie, se columpiaba y comía hierba en la entrada del popular coliseo . Tenía una cadena con una enorme bola de hierro amarrada a una de sus patas. Seguramente estaba allí como parte del espectáculo teatral. Un público numeroso lo rodeaba, sin sospechar quizás que estas criaturas sufren durante los actos de exhibición Los transeúntes quedaban hipnotizados frente al animal de memoria prodigiosa. Y los choferes detenían sus automóviles para disfrutar mejor la escena. Parecía que todos aspiraban a que el elefante recordara para siempre sus rostros, y los intentos por establecer una comunicación a través de los ojos y de una mímica pueril.

Nunca he comprobado esta imagen en los periódicos y carteleras teatrales de la época. Sentiría una gran decepción si mi encuentro con un elefante en una esquina de La Habana fuera un recuerdo implantado.


La atracción de la gente hacia la condición de amuleto del elefante, genera una próspera industria de figuras de yeso y otras sustancias. El elefante de la foto, reina en medio de un esplendoroso desorden.

Arriba: Deslizo mis manos sobre la piel de acero de este elefante de JEFF para invocar algunos de sus atributos simbólicos: riqueza, fuerza y cognición.

jueves, 8 de diciembre de 2011

PIDEN SUSPENDER CINES DE MEDIANOCHE.


Por: Lázaro Sarmiento

El periódico El Mundo publica un comentario sobre las cartas enviadas al alcalde de La Habana, Varona Suárez, en las que se solicita se sitúe un inspector en el cine Campoamor. Los autores de las misivas alegan que en este local “se vulnera los principios de la moral pública” aprovechando la densa oscuridad durante las funciones cinematográficas, lo cual ofende a las familias respetables que acuden a dicha funciones. (23 de Febrero de 1917)

La información anterior está incluida el libro La tienda negra. El cine en Cuba (1897-1990), de María Eulalia Douglas (Cinemateca de Cuba, La Habana, 1996). El cine Campoamor mencionado en las cartas al alcalde habanero no es el que está ubicado en la actualidad en la esquina de Industria y San José (ahora casi en ruinas), sino otro que existió frente al Parque Central, inaugurado en 1915 y demolido en 1925.

Veintiocho años después de las quejas sobre el Campoamor se formula una petición parecida en la prensa habanera de la época :

Algunas entidades y personas solicitan del alcalde de La Habana se suspendan las tandas de las doce de la noche en los cines, alegando que en tales funciones se producen actos atentatorios a la moral, por el tipo de público asistente. La solicitud no es aceptada. (Mayo de 1945)

viernes, 25 de noviembre de 2011

MARY PICKFORD SOBRE UNA BARRA HABANERA.



-Un Mary Pickford, por favor.

Este es otro de los tragos que me gustan por el nombre que tienen.

En la coctelera: Una y media onzas de piña, 1 1/2 onzas de ron blanco, gotas de granadina y trozos de hielo.

Batir a mano y servir colado en una copa de coctel.

Adornar con una cereza.

Este trago figura en el libro Cocteleria cubana, 100 recetas con, publicado en La Habana por Fernando G. Campoamor, en 1981.




Fechada actual del antiguo cine Norma, en la Calzada de Luyanó La Habana. Este cine proyectaba pelìculas en los tiempos dorados de Mary Picford (1893-1979). La actriz fue bautizada la "Novia de América"

martes, 27 de abril de 2010

SER HOMBRE ES UN TRABAJO MUY DURO.


Por: Lázaro Sarmiento

La frase puede tener diferentes interpretaciones y su interés variar según la estatura del autor, o el mundo interior de quien la escucha. La frase se la dijo un día Ernest Hemingway a su hijo Gregory. Éste la citó mucho tiempo después, a fines de la década del noventa, durante la entrevista que en La Habana le hizo el periodista Armando Chávez, quien luego la incluyó en el libro Rescate del tiempo (Letras Cubanas, 2000).

Chávez:

El crítico europeo que más conoce la literatura de Hemingway, el francés Roger Asselineau, cree que él, como los gatos, parecía ocultar algo. ¿Usted cree que era homosexual?




Gregory:

"Yo no creo que haya sido haya sido homosexual, sentía una gran atracción por las mujeres, pero sí tenía un gran miedo a sentirse homosexual. Él estaba muy preocupado con la masculinidad. Un día me dijo que ser hombre era un trabajo muy duro.

Creo que todo fue ocasionado por la madre. Ella lo vistió como a una niña hasta los cinco años de edad, durante una etapa en que se arraigan características sexuales. Él siempre la odió mucho, aunque explícitamente sólo la culpaba por el fracaso y el suicidio de su padre, Clarence Edmund Hemingway.


Todo eso es ahora muy difícil de explicar, y en aquellos tiempos, yo no conocía a (Sigmund) Freud."


Antes, en la misma entrevista, Gregory Hemingway había dicho que parece que su padre cada día se levantaba con la urgencia de probar que era un hombre. “Esa necesidad lo llevó a practicar deportes, caza, pesca, tauromaquia. Creo que bebía tanto para no soñar con ese conflicto”.




En el Hotel Ambos Mundos, en la calle Obispo, en La Habana Vieja, se conserva la habitación de apenas dieciséis metros cuadrados, donde Ernest Hemingway “vivió en 1928 sus primeras cuarenta y ocho horas en Cuba”.

OTROS TEXTOS SOBRE HEMINGWAY:
HEMINGWAY Y SU AMANTE HABANERA.
UNA AMISTAD EN LA HABANA: HEMINGWAY Y CAMPOAMOR.

domingo, 18 de abril de 2010

MARLENE DIETRICH, DESDE LA HABANA.

Por: Lázaro Sarmiento


Algunos iconos del séptimo arte no solo están en las bóvedas de las cinematecas, o en las pantallas de televisión, o en las enciclopedias, o en la memoria del público. En ocasiones se mueven en espacios tan privados como los textos que las personas escriben en sus cartas.


En 1995 Correos de Cuba incluyó el rostro de la actriz Marlene Dietrich en una serie de sellos para celebrar el centenario del surgimiento del cine.

"Que por mucho tiempo iluminen el espacio con sus maravillosas
apariciones, demoras
y parlamentos, y que todo el dinero del mundo los cubra de manera
resplandeciente
mientras descansan después de un largo día bajo los reflectores
con sus máscaras
pero los cielos operan en el mundo de las estrellas. ¡Es un
precedente divino
que ustedes eternizan ¡ ¡Giren, cintas de celuloide, como gira
el universo ¡"


(Fragmento del poema A la industria cinematográfica en crisis, de Frank O’Hara, autor estadounidense.)

TEXTOS RELACIONADOS:
ANIMAL DE COSTUMBRES, A LOS PIES DEL GLAMOUR

jueves, 10 de diciembre de 2009

PASEANDO POR EL CEMENTERIO BAUTISTA.

Por: Lázaro Sarmiento

Cuando en 1877 se fundó el Cementerio San Juan Bautista, los terrenos de los alrededores no tenían ni remotamente el glamour urbanístico que alcanzó hace varias décadas. Estoy refiriéndome al Nuevo Vedado y al Cementerio Bautista de La Habana, el oasis funerario de una comunidad de cristianos protestantes, rodeado de casas coquetas, una escuela, jardines con hojas de corazón de león y una muestra de viviendas inventadas o modificadas junto a sus muros. Muy cerca hay varios edificios altos. Y los árboles verdísimos y frondosos diseñan un ambiente de parque sin regulaciones.

Me gustan los camposantos y me gusta éste en su pobreza de pretensiones y carencia absoluta de valores arquitectónicos (aprecio igualmente la necrópolis de Colón, por los motivos contrarios). Aquí, el abandono y deterioro de la mayoría de los sepulcros crean un encanto de ruinas gregarias sin ninguna memoria esplendorosa.

Algunas tumbas tienen fechas muy antiguas y quizás pertenecieron a familias que se extinguieron o se diluyeron por el mundo.

Con la mirada planeando sobre las 1, 23 hectáreas de este terreno de reposo, un amigo me dice que no le gustaría ser cremado, que tras su muerte él quiere que lo lleven a la tierra para que el cuerpo nutra el suelo.

En el Cementerio Bautista, viendo las alfombras verdes y los árboles saludables con sus raíces buscando la química de la vida , pienso en los vasos comunicantes entre la tierra, los cuerpos y el paisaje.

Por momentos, parece como si hubiera sido olvidado en medio de la ciudad o ya no acogiera ceremonias fúnebres.

Calles San Juan Bautista y 37, área residencial La Dionisia, Nuevo Vedado, Municipio Plaza de la Revolución. Entrada principal del Cementerio Bautista de La Habana.

Aquí yacen los restos del doctor Alberto de Jesús Díaz Navarro (1852-1916). Según consta en el humilde monumento, fue Capitán del Ejército Mambí y apóstol de la obra bautista en Cuba.


La fecha de la lápida de Karen Quintana Peña (2007) nos advierte que el Cementerio Bautista de La Habana continúa ofreciendo servicios a la comunidad.

Fotos: Lázaro Sarmiento

sábado, 7 de noviembre de 2009

KING Y LAS LUCES DEL PRADO.

Por: Lázaro Sarmiento


King se recostaba todas las noches a la farola de la esquina de Prado y San José, a unos pasos de la marquesina del cine Payret. Y lo hacia con la naturalidad de un bajorrelieve viviente del Paseo del Prado de La Habana. King había sido ayudante en el estudio fotográfico Narcy, en la época de los reportajes de farándula en la revista Bohemia y los anuncios de cerveza con lindas modelos en las vallas de las carreteras.

Narcy, “fotógrafos de los artistas”, siempre estuvo después de Armand, “el fotógrafo de las estrellas”. Ese mundo era historia muy antigua, cuando un amigo cazador de anécdotas y productor de discos hizo que me fijara en aquel señor mayor, pulcro, perfumado y bien vestido, conversador y memorioso, que cada noche se “encadenaba” a la luminaria de la entonces concurrida esquina del Payret . Lo rodeaban amigos ocasionales y principiantes que aprendían “de la vida” con la experiencia de la gente de más edad.

Casi todas las vedettes de los tiempos de King en la fotografía estaban retiradas en Cuba o el extranjero y algunas vivían en asilos. Sin embargo, King continuaba trabajando la imagen. Ahora sus ojos seguían a jóvenes de la ciudad y el campo, que alardeando de sus hormonas, músculos, gestos y camisas semiabiertas, desfilaban delante de sus espejuelos de aumento: desde el portal de La Sortija hasta el Parque Central, y luego el mismo trayecto a la inversa. King era feliz en aquel pedazo de acera, de donde solo se apartaba para ir al Teatro Musical o a las funciones de ópera y ballet de la sala García Lorca. Pero un día no se le vio junto a su farola. Había enfermado.

Fui con el productor de discos al apartamento de King en la calle San Miguel para conocer su estado de salud. Allí se había construido una especie de jaula dentro de la propia casa. En la puerta de su habitación que daba a la sala relucía un enorme candado. Años atrás trajo a vivir con él a una muchacha necesitada de vivienda. Luego la muchacha se enamoró, se casó, tuvo hijos que ahora corrían por la edad de la peseta, y King se convirtió en una persona ajena en el seno de la familia que una vez quiso inventarse. Ellos hablaban de temas que a él no le interesaban, veían en televisión programas que a él no le gustaban, y lo observaban de una manera que a él le dolía. Por último, ellos obtuvieron de las leyes derechos eternos de ocupación del inmueble.

King no podía recibir las visitas que hubiera querido, ni brindarles té, ni tampoco enseñarles las fotos de artistas que había sacado del estudio Narcy antes de la intervención. Y mucho menos soñar con abanicar en su cama a alguno de los paseantes del Prado durante una noche de calor, aunque el deseo podía costarle la vida como les había ocurrido a otros homosexuales en la ciudad.

De pronto sintió la necesidad de que lo cuidaran. Pensó que lo mejor sería irse a Camagüey a vivir con su única hermana, Carmelina, la cual residía sola en un impresionante palacete colonial. Se despidió de su farola la noche en que estrenaron en el Payret Fresa y chocolate.

Años después me encontré a King ya muy apagado y encogido en la calle República de la ciudad de Camagüey durante un evento de la radio. Y aunque los cuerpos que sus ojos desnudaban los hay en todas la ciudades del mundo, lo primero que me preguntó fue por su esquina de Prado y San José en La Habana.

Me asusta la fragilidad de los paisajes.

Abajo: Acera de La Sortija, en Monte y Prado. Imágenes actuales del Paseo del Prado de La Habana. Arriba izquierda: Obra de Michael Kirkham.






sábado, 17 de octubre de 2009

TIN TAN Y ROSITA FORNES


Por: Lázaro Sarmiento

La vedette cubana Rosita Fornés figura entre las personalidades que en el documental titulado Tin Tan ofrecen su testimonio sobre el popular comediante mexicano Germán Valdés, Tin Tan (1915-1973). Esta obra del director Francisco Taboada acaba de exhibirse en el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México. Entre los entrevistados en la pantalla sobresalen Silvia Pinal y Yolanda Montes Tongolele, así como el escritor Carlos Monsiváis.

Bailarín, cantante, actor y compositor, Germán Valdés, Tin Tan, está considerado uno de los personajes más entrañables y originales del espectáculo y la cultura popular de México.

Rosita Fornés afirma que Tin Tan fue “uno de los hombres más simpáticos y ocurrentes que he conocido”. Ambos artistas tuvieron la oportunidad de compartir juntos escenarios en México y Cuba.

Tin Tan actuó en reiteradas ocasiones en las revistas de variedades del teatro Tívoli de México, inaugurado en 1947 y donde la Fornés era una de las máximas estrellas. En esa época, el periódico Excélsior se refería a la presencia de la artista cubana en el Tívoli con estas palabras: “Rosita Fornés es el show. Nadie sabe si lo hace bien o mal porque cuando sale a escena se pierde el juicio”.

Luego en La Habana en 1953, el popular humorista y la aclamada vedette coincidieron en El mariachi desconocido. ( o Tin Tan en La Habana). Esta película contó con escenas filmadas en el cabaret Tropicana, en cuya pista Rosita Fornés interpretó en plan de rumbera espléndida la pieza musical titulada Yo soy Juana Bacallao, de Obdulio Morales.

La filmografía de Germán Valdés, Tin Tan, supera los 100 títulos.

lunes, 14 de septiembre de 2009

HOTELES PARA AMANTES AL ATARDECER.


Por: Lázaro Sarmiento

Me atraen los pequeños hoteles de ciudad, discretos en el paisaje urbano. A veces lo único que los distingue entre las hileras de fachadas y edificios es ese cartel universal de cinco letras detrás del cual se esconden historias apasionantes o anodinas, intrigas y cariños, o la nada: HOTEL.

La primera vez que dormí en La Habana fue en una casa de huéspedes, Belinda, en la calle Neptuno, donde mi padre vivió un tiempo mientras buscaba una vivienda para mi madre y para mí que entonces tenía seis años de edad. Belinda era una casa de huéspedes lo suficientemente grande como para parecerse a un hotel chiquito.

Pero esos hoteles sencillos han ido desapareciendode La Habana con los años y los que existen en la actualidad están vinculados directamente al quehacer de organizaciones sociales o instituciones estatales.

Hoy me alegró descubrir un cartel de hotel que no había percibido en la calle Bernaza, frente al parque Albear, al inicio del bulevard de Obispo. El hotel se llama Ligerito y el nombre sugiere que presta servicios a la Industria Ligera.

Los amantes furtivos, los viajeros de paso, las parejas hambrientas de sexo, la gente misteriosa y los solitarios deben estar añorando los hoteles modestos de ciudad.



domingo, 6 de septiembre de 2009

MESAS PARA VER LA VIDA PASAR.


Por: Lázaro Sarmiento


Me gustaría que La Habana tuviera mesitas al aire libre en un mayor número de avenidas y esquinas para sentarse a conversar, tomar líquidos o café o simplemente ver a la gente pasar. Es algo relacionado con la manera de ser de casi todos los cubanos, amantes de la calle, de la acera, de los grandes espacios, del diálogo espontáneo y de la mirada buscando lo público y el rostro - o el cuerpo- ajenos. Luego está el clima con tardes y noches calurosas en las que las paredes (y también las ropas) parecen sobrar. Además de las mesas, podrían colocarse bancos para descansar en las aceras de arterias populosas, no sólo para esperar el ómnibus sino como escenarios de ocio expectante.

Y uno de los primeros sitios donde yo pondría esas mesas sería en el Paseo del Prado, en el tramo comprendido entre las calles Monte e Industria. En este caso volverían las mesitas porque esta zona ya tuvo los famosos Aires Libres y las orquestas legendarias frente al Hotel Saratoga que mi generación no conoció. Lo aires que recuerdo emanaban de una atmósfera de venta de cerveza en tramos de las aceras del Prado y que la gente bautizó como "los paragüitas”, los cuales subsistieron, creo, hasta principios de la década de los noventas con algunas mesas cerca del cine Payret y un poco más allá.

El Prado pudiera tener mesitas como las que hay en la Taberna de la Muralla de la Plaza Vieja y en la Plaza de la Catedral. Tal vez con servicios más modestos que aquellos que se ofrecen en la profundidad del Centro Histórico pero iguales de agradables y bien recibidos, como las mesitas instaladas en el boulevard de San Rafael. Pensaba así, mientras hoy domingo recorría un tramo del Paseo del Prado y disfrutaba del estimulante y gratuito espectáculo de observar la vida pasar.




Postal de promoción del Hotel Saratoga, año. 1932. Abajo: Fachada actual del Saratoga, en Prado esquina a Dragones. Reconstruido en el año 2005 pertenece a la cadena Habaguanex.


Arriba, al inicio de la página: Paseo del Prado, frente al Parque Central. En este tramo hay mesitas en el Café del Louvre y en el portal del Hotel Telégrafo.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

GUIA DE LA CIUDAD DE LA HABANA. 1917

Por: Lázaro Sarmiento

Un amigo me regaló una Guía de la Ciudad de La Habana del año 1917 (Guide of The Havana City). Editada por J. J. Higuera, esta obra contiene , entre otras referencias , los nombres de las calles de la ciudad, las tarifas de coches, autos, trenes y lanchas de la bahía, relaciones de ingenios azucareros y asociaciones diversas, así como anuncios de restaurantes, hoteles y productos como el sombrero Castor y el agua mineral Amaro.

Según el documento de 82 páginas y un buen número de ilustraciones:

- La capital cubana tenía ese año 311 mil habitantes.

-Viajar en coche desde Belascoaín hasta el Vedado costaba 80 centavos (tarifa válida desde las 6 a.m hasta las 11 p.m).

-El alquiler de un automóvil por dos personas para hacer diligencias durante una hora costaba $1. 25.

-Enviar un cablegrama desde La Habana a la ciudad del Cabo, en Sudáfrica, costaba $ 1.01

La Guía incluye las direcciones de numerosas oficinas públicas como el Palacio Presidencial, en la Plaza de Armas, y el Senado de la República que radicaba en O’Reilly no. 10, así como las ubicaciones de las Legaciones Extranjeras y Consulados, casi todos cerca del Parque Central. Por ejemplo, el consulado de China estaba en la calle Amistad no. 85, y el de Dinamarca en Habana no. 102.

Se anuncian 6 teatros: Martí, Nacional, Payret, Campoamor (estaba frente al Parque Central, luego se construyó otro de igual nombre en Industria y San José) , Alhambra y Molino Rojo. Este último en Galiano y Neptuno.

En varias páginas se promociona los cigarrillos “Paris”, marca que parece era muy popular en esa época.

Guía de la Ciudad de La Habana, 1917, año de la Revolución de octubre en Rusia y del alzamiento en armas de los liberales en la provincia cubana de Oriente (La Chambelona). Deliciosa máquina del tiempo fabricada de papel.


En La Habana de 1917 ya existía el edificio de la Lonja del Comercio, en la Plaza de San Francisco y Avenida del Puerto, construido entre enero de 1908 y mayo de 1909 para almacenes, bolsa y oficinas. Arquitectos: Tomas Mur y José Mata. El inmueble se conserva en la actualidad impecablemente luego de una restauración general y nuevas funciones.


En el año 1917 prestaban servicios en Cuba 16 compañías de vapores, entre ellas la Compañía Trasatlántica Española (San Ignacio 72, altos) y la Compañía Pinillos, Izquierdo y Ca (san Ignacio 18). En uno de los buques Pinillos arribó mi abuelo a La Habana en 1919, proveniente de Gran Canaria. Nunca regresó.



jueves, 13 de agosto de 2009

BENNY MORE, EL ALMA DEL SON.

Por: Lázaro Sarmiento

Cuba continúa homenajeando a Benny Moré, el más grande cantante de la Isla, en el aniversario 90 de su nacimiento. Bartolomé Maximiliano Moré nació en Santa Isabel de las Lajas el 24 de agosto de 1929 y murió en La Habana el 24 de agosto de 1963.

Entre los eventos para los próximos días sobresale el coloquio Benny Moré, genio de la popularidad, que se efectuará el 21 de agosto en el Hotel Saint John’s del barrio El Vedado, en La Habana.

Escritores, musicólogos y periodistas han dedicado numerosos textos a este intérprete bautizado como El Bárbaro del Ritmo. Entre esos autores figura el poeta santiaguero Jesús Cos Causse (1945-2007), autor de la siguiente crónica.



EL SOMBRERO Y EL BASTÓN.

De verdad, Benny Moré, que uno ya no sabe si cantar o escribir para esquivar la muerte que se esconde en la trompeta o en el verso. Yo recuerdo aquella vez que lo vi, estaba usted con su traje blanco de verano y su sombrero que de grande parecía un pedazo de cielo y su bastón de todo un caballero enamorado. Daba gusto verlo cantar evocando aquellas mujeres que primero fueron sueños y después heridas: Cuando a Varadero llegué…


Los rumberos famosos, los soneros, todos los trovadores de la isla saben que usted le puso el alma al son y azúcar a la rumba. Aquel domingo, en los jardines de La Tropical, cuando la gente estaba de lo más alegre, lanza usted su sombrero al aire y ahí mismo se acabó la música, pero nadie estuvo de acuerdo, entonces usted con la punta del bastón levantó el sombrero del suelo y comenzó a darle vueltas suaves, y la música de nuevo a soñar, a llenar la fiesta de estrellas.

La muerte es otro asunto que su presencia nos convence. Pero los rumberos, los soneros, los trovadores lo recuerdan. Y su voz entra y pasa con el viento como el arrullo de palma en la llanura.

(Texto tomado de Añorado encuentro. Poemas cubanos sobre boleros y canciones. Selección y prólogo de Waldo González López. Ediciones Extramuros, La Habana, 2001)


EL CANTANTE Y LA ACTRIZ. La gente siente fascinación por esta fotografía tomada por Mario García Joya, Mayito, en 1962 en el Paseo del Prado de La Habana, durante el festival Papel y Tinta, del periódico Revolución. Fue Orlando Quiroga quien le pidió a Benny que posara junto a la actriz, entonces en el esplendor de su belleza. Odalys Fuentes, quien unos años antes era la estelar modelo de la cerveza Hatuey, acababa de regresar de Praga. Esta foto salió publicada en la revista Bohemia y luego formó parte de un mural gigante a la entrada del Pabellón de Cuba en la Expo Mundial de Canadá.

Imagen izquierda: Benny Moré y Celia Cruz (1924-2004) en una fotografía de los años 50, en La Habana.

Fotograma del filme El Benny, del realizador Jorge Luis Sánchez. Este largometraje del ICAIC, estrenado en el año 2006, contribuyó al conocimiento de la vida de Benny Moré en las nuevas generaciones de cubanos, distantes cronológicamente de la época de gloria del cantante fallecido en 1963.

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