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martes, 16 de junio de 2020

Rosita Fornés sobrevivió a la nostalgia.




Rosita Fornés sobrevivió a la nostalgia.

Por Lázaro Sarmiento.
  

Hace unas horas, un  joven mostró en las redes sociales un tatuaje  en su antebrazo con el autógrafo de la estrella y un dibujo alegórico. Ese joven fue niño rositómano como antes lo fueron sus padres y los padres de éstos. El fervor hacia Rosita Fornés se originó hace tres generaciones y quizás sea muy parecido al entusiasmo con el que los niños aclaman en la actualidad a sus ídolos del fútbol.

 

Recuerdo que hace unos años, en una casa de la Víbora, un venerable anciano conservaba orgulloso  una cajita de fósforos con  lentejuelas de un vestido que la artista había usado en una de sus temporadas en el Teatro de la Comedia. Los niños rositómanos crecieron: llegaron o la mitad de la edad de su estrella, o la alcanzaron. Tienen hijos, sobrinos o amigos jóvenes. Heredaron el mismo fervor por la artista que cruzó como un cometa el cielo de sus emociones. Los niños rositómanos están en todas partes. Y los que viven fuera de la Isla se llevaron en sus maletas, gritos, fotos, adjetivos y el eco de los teatros.

Norma Desmond lo intuyó en dos oraciones: “Nadie deja nunca a una estrella. Eso es lo que las vuelve estrellas”.

Ignoro la edad en que un niño se enamora de una estrella de televisión. Incluso un niño cuyos amigos de su barrio tenían como estrellas a los lanzadores de béisbol. En algún momento quedó cautivado por una artista rubia, que salía una vez a la semana en la pequeña pantalla. Interpretaba canciones, comedias y dramas y lo hacía como princesa, duquesa, vampiresa, viuda sensual, chica ye ye (hasta bailando mozambique) alegre dolly, cleopatra, se rodeada de bailarines, se cambiaba varias veces de vestuario y parecía que todos los reflectores del mundo coincidían sobre el aura de su rostro. La cámara se enamoraba de su belleza. Y ella aceptaba el galanteo. Yo siempre escuchaba los mismos comentarios de mi abuela desde la cocina sobre los años de la artista: Lazarito, la edad de Rosita viene de un tiempo muy lejos. ¿Qué importancia podía tener para un niño el tiempo, si eso es lo que más le sobra?

En una Escuela al Campo que carecía de aparato de televisión, atravesaba una noche cada semana un escabroso campo de papas hasta el campamento más cercano donde había una caja de las ilusiones para ver su programa favorito del Canal 6. No caminaba solo por la oscura guardarraya. Se las arreglaba para arrastrar consigo a algunos de los jugadores de béisbol.

Mi abuela se equivocaba cuando decía que la edad de la estrella venía de muy lejos. No, abuela, Rosita Fornés viene de una esa zona en la cual las cronologías desaparecen, el glamour se reafirma, lo mítico trasciende, el personaje se fabula (derecho democrático de sus admiradores), y la memoria de una generación pasa a la siguiente.

Hace unas noches presencié en el programa La danza eterna una emisión dedicada a la larga trayectoria artística de Rosita: fragmentos de películas, kinescopios, videos de sus programas y de sus grandes recitales. Aunque mi emoción no puede ser la misma de un adolescente, me reafirmé en la admiración. No encontré un solo gesto fuera de lugar en las actuaciones reunidas de la artista a través del tiempo. No es el elogio que merece cuando repetimos que su mérito descansa en la diversidad de géneros que interpretó. Que era una artista completa. Es verdad. Pero hubo otras con demostrada versatilidad que no trascendieron. Se desvanecieron en las secciones de farándula de las revistas.
Los valores de Rosita Fornés se sustentan en lo adecuada que estuvo en cada papel y en esa magia indescifrable que la acercó a la perfección. Trabajó con la disciplina de una obrera. Basta revisar cualquiera de los numerosos videos subidos a YouTube y a otros sitios de la internet: Miro como se vuelve de espaldas a la cámara para alejarse escoltada por sendas filas de percusionistas hasta perderse en el fondo del set luego de una clase magistral de prestancia y 
 decantación de gestos, mientras el cuerpo juega con una boa blanca que, más que una prenda, parece un animal rendido a su sensualidad. No exagero. Hay un extenso material visual como testimonio.

Rosita Fornés trascendió porque el público así lo quiso. La popularidad es una categoría que ningún decreto puede establecer. La popularidad es la reacción espontánea y acumulada de las multitudes. Y cuando esa popularidad se cimenta junto al cariño y la dignidad artística estamos en presencia de un símbolo en el horizonte cultural de una nación.
Al ver las fotos que sus admiradores publican en las redes sociales, imagino los paisajes que están detrás: la Corte Suprema del Arte, la Guerra Mundial, el Tívoli del DF, mimada por el lente del mexicano Herrera, actuaciones esporádicas en Churubusco, posando para el cubano Armand, Barcelona, la Guerra Fría, el platillo volador en la Ciudad Deportiva , conquista Moscú y toda la Europa Oriental , los estudios del Focsa , el teatro Amadeo Roldán, su interpretación de “Es mi hombre” en el Mella mostrando sus muslos gloriosos contra la gravedad sostenida por el Chino Castellanos, a una edad en que ese movimiento acrobático era una proeza …Y por último, aquella revista memorable en el 2008 en el Anfiteatro de la Habana en la que quizás fue la última de sus presentaciones con ritualidad de gran vedette.

Cuando finalizó el homenaje de La danza eterna, pensé en el niño que una noche descubrió un programa de televisión donde las cortinas se descorrían como en los teatros y se oían voces en off "¿Qué hora es? Es hora de comenzar… " Y aparecía deslumbrante la reina del show.

Sentí que volvía a mi casa de Luyanó y bajaba a la esquina para contarles a mis amigos del barrio noticias inventadas sobre su artista favorita en la televisión. Entonces el niño no sabía que aquella era una época difícil para una estrella. Había funcionarios que desconfiaban del glamour, las plumas, las lentejuelas, de los cambios constantes de vestidos. Sin embargo, siempre estaban - y nunca faltarán - las ilusiones. Volví a escuchar las frases que le gritaban sus fanáticos desde la platea y a la salida de los espectáculos. Algunos con delirio. No hay nada raro en esa vuelta. La palabra nostalgia en su origen griego fue nóstos, es decir, regreso al hogar. Rosita Fornés había regresado a la casa de las emociones.

Ella sobrevivió a la nostalgia.

jueves, 21 de junio de 2012

LA MARIONETA ROSITA FORNES.

Hace unos días, en el Teatro Mariana Grajales, de La Víbora, LaHabana, el marionetista Carlos González, Director del Proyecto Comunitario Hilos Mágicos, presentó esta marioneta con la figura de la legendaria vedette cubana Rosita Fornés (89 años) , quien por estos días hace una impactante aparición en el Teatro Nacional , en la obra Mi monólogo interior. Escrita y dirigida por José Antonio Jiménez, nuero de la estrella, la pieza es protagonizada por el actor Jean Marc. En los minutos finales del espectáculo, la Fornés aparece en escena y canta Sin un reproche, de José Manuel Solís. El público la envuelve en una larga ovación, digna de su extensa carrera artística.

Imagen de arriba: Foto tomada por Beatriz Granado, publicada en
www.cadenahabana.cu/2012/06/19/homenajean-en-10-de-octubre-a-la-gran-vedette-de-cuba/





lunes, 12 de abril de 2010

ROSITA FORNES, ENTRE FOTOS Y GRABACIONES.

Por: Lázaro Sarmiento


Mientras Rosita Fornés confesaba hace unos días en la Televisión Cubana que en una época no le dio al cine la importancia que debía haberle otorgado y que en su lugar privilegió sus actuaciones en los escenarios teatrales, en México su antigua imagen de vedette esplendorosa y mimada era recordada, junto a otras grandes luminarias, en un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica.

Me refiero al volumen titulado El fotógrafo de las estrellas, de Armando Herrera (Ciudad de México, 1913). Sus páginas recogen historias y fotos (algunas inéditas) tomadas por la lente de Herrera, un fotógrafo que estuvo cerca de figuras muy populares durante la llamada época de oro del cine mexicano, desde el ídolo Mario Moreno Cantinflas hasta la mítica María Félix.

Según el periódico El Universal, “este libro, que tardó seis años en concretarse para su publicación, recoge close ups de Emilio "Indio" Fernández y Martha Roth, pero también de cuerpo completo de las actrices Rosita Fornés, Rosa Carmina y muchas más."

Además, en el sitio http://grabacioneshistoricas.blogspot.com/ los internautas pueden adquirir el álbum UN SIGLO DE CANTANTES EN EL CINE MEXICANO, donde se incluye una grabación de la Fornés realizada en 1950 con la orquesta del maestro Chucho Martínez Gil.

"Los artistas cinematográficos más destacados de la Época de oro se presentan en este disco bajo una insólita faceta de cantantes.”
Grabaciones históricas de 1907 a 1967.

1. COUPLET DE LOS GATOS – PRUDENCIA GRIFFELL (1907)
2. MI AMADO – LUPE VELEZ (1929)
3.YA VA CAYENDO – DOLORES DEL RIO (1930)
4. NOCHE DE LUNA – EMILIO TUERO (1937)
5.YA ME ESTOY PONIENDO CHANGO – CHAFLAN Y TRIO CALAVERAS (1930)
6. BESOS – RAMON ARMENGOD Y JORGE NEGRETE (1938)
7. ABURRIDO ME VOY – LUCHA REYES (1938)
8. ENCANTO – SOFIA ALVAREZ (1940)
9. CAMINANTE DE LA VIDA – JUAN JOSE MARTINEZ CASADO (1941)
10. GUAJIRITA – PEDRO INFANTE (1942) -su primera grabación-
11. NO VUELVO CONTIGO – TITO GUIZAR CON PEREZ PRADO (1946)
12. ENAMORADA – FERNANDO FERNANDEZ con MARIO RUIZ ARMENGOL (1947)
13. LA CANCION DE LOS NIÑOS – BLANCA ESTELA PAVON (1948)
14. SI TU QUISIERAS – CHUCHO MARTINEZ GIL y ROSITA FORNES (1950)
15. EL TAXIMETRO – CARMEN MOLINA y FERNANDO ROSAS (1952)
16. SI TU ME QUISIERAS – VERONICA LOYO (1953)
17. MARCHA DE LA LIMPIEZA – MARIA ELENA MARQUÉS (1958)
18. ESCRIBEME – ROSITA QUINTANA (1958)
19. TU, MI ADORACION – MARTHA ROTH (1959)
20. NUNCA, NUNCA, NUNCA – COLUMBA DOMINGUEZ (1961)
21. UN MADRIGAL – MARIA DUVAL, ROSINA NAVARRO, MARCO ANTONIO MUÑIZ, MIGUEL ACEVES MEJIA (1964)
22. LOS HERMANOS PINZON – NINON SEVILLA (1964)
23. CORAZON, BUENAS NOCHES – LUIS AGUILAR Y DEMETRIO GONZALEZ (1967)

viernes, 25 de diciembre de 2009

ROSITA FORNES Y EL CINE.


LA LEGENDARIA VEDETTE SERA HOMENAJEADA POR LA CINEMATECA DE CUBA.

Por: Lázaro Sarmiento

La vedette Rosita Fornés será homenajeada por la Cinemateca de Cuba como parte de las actividades organizadas por el cincuenta aniversario de la fundación de esta institución, según informa el boletín ICAIC Digital.

Del 5 al 9 del próximo mes de enero, en la sala Chaplin de La Habana se exhibirán varios filmes protagonizados por La Fornés, cuya carrera cinematográfica se inicia en la Isla en 1939 con la película Una aventura peligrosa.

Le sigue en 1941 una participación en Romance musical, filme del que no se ha localizado ninguna copia y en el que intervienen figuras muy populares de la época: Manolo Fernández, Normita Suárez, Minin Bujones, América Crespo, Enriqueta Sierra, Aníbal de Mar, Otto Sirgo, Marisol Alba, Marcelo Agudo, Olga Chorens, Rita Montaner, Ernesto Galindo, Elsa Valladares, Alberto Mussett y René Cabell. El argumento gira en torno a tres hermanas de una familia que desean ser artistas y se presentan en programas de radio, pese a la oposición de los familiares.

En 1945 protagoniza en México El deseo junto a Emilio Tuero. Entre ese año y 1959 actúa en nueve producciones aztecas y cubanas. Además tiene una breve aparición como cantante en el filme Piel canela (1951), centralizado por Sarita Montiel.

Pero no son las películas filmadas en México, donde vive varios años, sino las revistas teatrales las que convierten a Rosita en una artista mimada del público de ese país. En la apoteosis de su estrellado en el teatro Tivoli del Distrito Federal, el periódico Excelsior publica: “Rosita Fornés es el show. Nadie sabe si lo hace bien o mal, porque cuando aparece en escena se pierde el juicio”.

EN EL ESPLENDOR DE SU CARRERA…

En 1952 Rosita rompe su matrimonio con el actor mexicano Manuel Medel y regresa a La Habana. El episodio significa un duro golpe para sus aspiraciones en el cine:

“Acababa de firmar un contrato por cinco años con los hermanos Calderón para rodar varias películas, lo que hubiera significado mi consagración definitiva como estrella de cine, pero todo se fue a bolina”. (En Rosita Fornés, biografía escrita por Evelio R. Mora, publicada por Letras Cubanas en 2001)

En 1959 filma Palmer ha muerto, una producción de España y Puerto Rico. Luego está ausente de la gran pantalla por cerca de veinticinco años durante los cuales no es tenida en cuenta por los productores del ICAIC, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos.

En esa época su carrera continúa luminosa en las pistas de los cabarets y teatros, así como en la televisión. Sus admiradores han subido a Youtube numerosos videos musicales que muestran momentos estelares de sus espectáculos y sus aires de gran vedette.

El cine se perdió por mucho tiempo a una figura en su esplendor como mujer y artista. Quizás su mundo glamoroso de lentejuelas y plumas, la imagen a lo Marilyn Monroe y su alto nivel en las páginas de farándula alimentaron el prejuicio de ejecutivos y directores. Estos estaban tal vez más interesados en descubrir otros rostros cronológicamente próximos a las heroínas del cine surgido en Cuba después del triunfo de la Revolución en 1959, que en recurrir a figuras que se habían formado lejos de las nuevas estéticas.

SUS PELICULAS CON EL ICAIC…

No es hasta 1983 cuando el ICAIC la llama para el filme Se permuta, estrenado al año siguiente con un rotundo éxito de crítica y público.

“Rosita Fornés es una de las mejores comediantes latinas que ha aparecido en la pantalla. Su humor es espontáneo, natural, y tiene el don de hacernos reír por su nitidez chistosa. Recuerda el humor de Lucille Ball, por cuanto su Gloria de Se permuta puede sobrellevar cualquier problema y dirigirse prestamente a enfrentar nuevas crisis. (James M. Callaham. Periódico La Opinión, California, 1985)

“…aunque el cine nacional olvidó su mejor era de esplendor físico, se desbordó en Se permuta, en un rol especial de Plácido y ahora tiene tela por donde cortar en Papeles secundarios…Jovial en público y melancólica en la intimidad, es más artista y quizás más bella con la sensibilidad y sabiduría de los años”. (Orlando Quiroga. Juventud Rebelde, 1998)


A la película Se permuta le siguen una fugaz pero impactante participación en Plácido (1986), y actuaciones destacadas en Papeles Secundarios (1989), Quiéreme y verás (1994), Las noches de Constantinopla (2001) y Al atardecer (2001). También ofrece su testimonio en los documentales Hoy como ayer (1987) sobre la vida de Benny Moré y en Tin Tan (2009), sobre el popular cómico mexicano Germán Valdés.

En 1996 el director Luis O. Deulofeu y el productor José A. Jiménez realizan un documental biográfico sobre Rosita titulado Mis tres vidas.

La Fornés ha manifestado su insatisfacción con la mayoría de los papeles que interpretó en el cine mexicano y cubano de las décadas del cuarenta y el cincuenta. Cuando estas cintas se han exhibido en la televisión y en algunas salas, los espectadores perciben que, además de guiones débiles, los directores no supieron aprovechar las magníficas posibilidades de la artista que, a la par, desarrollaba una intensa labor teatral como actriz dramática, comediante, intérprete de zarzuelas y operetas, y estrella de revistas musicales.

El ciclo de películas de Rosita Fornés en la Cinemateca de Cuba será una oportunidad para reconocer el paso por la gran pantalla de una figura cuyo nombre, próximo a cumplir los 87 años, el público continúa gritando con emociòn en la platea de los teatros.


En octubre de 2008 el público la espera a la salida del Anfiteatro de La Habana, donde acaba de celebrar sus 70 años de vida artística.

Rosita Fornés en La Habana a fines de los años 50 rodeada de altos ejecutivos de CMQ-Televisión.

Fotos:Antiguo archivo creado por Tony Pisani en internet.Fotos en Anfiteatro en 2008 : Lázaro Sarmiento.

ENLACES RELACIONADOS:
ROSITA FORNES EN UNA PECERA (I)
ROSITA FORNES EN EL GRAN TEATRO DE LA HABANA
ROSITA FORNES Y LA ADORACION DEL PÚBLICO
ROSITA FORNES: SENSUAL SIN LLEGAR A LA AGRESION VISUAL, MORAL O FAMILIAR

martes, 24 de noviembre de 2009

LA ARTISTA QUE INSPIRÓ CANCION DE RACHEL


Por: Lázaro Sarmiento

Amalia Sorg fue la vedette en la que se inspiró Miguel Barnet para escribir Canción de Rachel. Esta novela testimonio se publicó en 1969 y desde entonces ha tenido numerosas ediciones en Cuba y en otros países , así como versiones para el teatro y el cine. En las próximas semanas se celebrarán los veinte años del estreno en La Habana de La bella del Alhambra, el filme que Enrique Pineda Barnet realizó a partir del libro de su primo.

Miguel Barnet ha dicho que de todas las vedettes del Teatro Alhambra, Amalia Sorg era la más sensual, la más sicalíptica: “La conocí de 88 años, en 1969. Se ponía unos tacones muy altos, pelucas, maquillaje exagerado. Me enamoré de ella, un amor platónico, y ella de mí, no tan platónicamente.”

Ella narraba su historia al joven etnólogo y poeta y él la recreaba con su imaginación y cultura. El resultado fue la vida de Amalia (Rachel) tal como ella se lo contó al escritor y tal como él se la contó después a ella. Como otros personajes de la literatura en el mundo , Rachel debe tener mucho de la invención de su autor .

La tiple cómica Amalia Sorg nació en Nueva York en 1886 y murió en La Habana en 1974. Según el Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba, de Radamés Giro, en 1898 vino a residir en La Habana, para después establecerse durante varios años en Barcelona, España, donde, como alumna de un convento estudió piano y recibió clases de canto. De vuelta a Cuba ingresó en el coro del teatro Albisu y un día sustituyó a una de las principales figuras de ese coliseo en el sainete El perro chico. Desde ese momento trabajó como solista.


Del Albisu, pasó al Molino Rojo, hasta que fue contratada por Federico Viloch para que actuara en el Alhambra, situado en Consulado y Virtudes, un teatro que durante décadas disfrutó de extraordinaria popularidad. Allí brilló en obras como La isla de las cotorras y Fiebre del loro. Cuando el Alhambra se derrumbó en 1935, Amalia Sorg se retiró de la vida artística. En compañía de otras estrellas del mítico teatro, recibió un homenaje en el año 1963 durante el Festival de Música Popular, en el escenario del Amadeo Roldán. Las imágenes fílmicas que se conservan de la noche de aquel espectáculo constituyen un valioso testimonio.

Luego Amalia Sorg apareció en el nostálgico documental de Manuel Octavio Gómez Recuerdos del Alhambra (1963) junto a los rostros ya envejecidos de Blanquita Becerra, Amalia Sorg, María Pardo, Luz Gil…Todas antiguas reinas de “un teatro para hombres solamente…que lo vio todo el mundo.” Este documental logra llegar a la actualidad con un delicioso encanto histórico y artístico.

En una ocasión le preguntaron a Barnet ¿qué es una vedette?: “ Una artista, una fantasía colectiva, un objeto sexual, quintaesencia del glamour, marioneta de los hombres, un momento de alegría, una leyenda negra y también rosa, rehén de su belleza, una vida deshilachada, un mito contemporáneo.”

Un poco de todas esas cualidades había en Amalia Sorg.


Rosita Fornés y Miguel Barnet. El director Enrique Pineda Barnet tenía la intención de que la famosa vedette cantara Quiéreme mucho en una escena de La bella del Alhambra. “Rachel se fascinaba con ella y se proponía alcanzar su mismo nivel. Era un homenaje que le quería hacer a Rosita Fornés, pero por una serie de razones no pude contar con ella”. (Pineda en una entrevista en Bohemia, octubre de 1989)
M

sábado, 17 de octubre de 2009

TIN TAN Y ROSITA FORNES


Por: Lázaro Sarmiento

La vedette cubana Rosita Fornés figura entre las personalidades que en el documental titulado Tin Tan ofrecen su testimonio sobre el popular comediante mexicano Germán Valdés, Tin Tan (1915-1973). Esta obra del director Francisco Taboada acaba de exhibirse en el Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México. Entre los entrevistados en la pantalla sobresalen Silvia Pinal y Yolanda Montes Tongolele, así como el escritor Carlos Monsiváis.

Bailarín, cantante, actor y compositor, Germán Valdés, Tin Tan, está considerado uno de los personajes más entrañables y originales del espectáculo y la cultura popular de México.

Rosita Fornés afirma que Tin Tan fue “uno de los hombres más simpáticos y ocurrentes que he conocido”. Ambos artistas tuvieron la oportunidad de compartir juntos escenarios en México y Cuba.

Tin Tan actuó en reiteradas ocasiones en las revistas de variedades del teatro Tívoli de México, inaugurado en 1947 y donde la Fornés era una de las máximas estrellas. En esa época, el periódico Excélsior se refería a la presencia de la artista cubana en el Tívoli con estas palabras: “Rosita Fornés es el show. Nadie sabe si lo hace bien o mal porque cuando sale a escena se pierde el juicio”.

Luego en La Habana en 1953, el popular humorista y la aclamada vedette coincidieron en El mariachi desconocido. ( o Tin Tan en La Habana). Esta película contó con escenas filmadas en el cabaret Tropicana, en cuya pista Rosita Fornés interpretó en plan de rumbera espléndida la pieza musical titulada Yo soy Juana Bacallao, de Obdulio Morales.

La filmografía de Germán Valdés, Tin Tan, supera los 100 títulos.

sábado, 15 de agosto de 2009

ROSITA FORNES EN EL GRAN TEATRO DE LA HABANA

Imágenes de la primera noche de Vedettísima, después de 20 años.

Por: Lázaro Sarmiento



Rosita Fornés protagonizó hace unas horas la revista Vedettísima en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana ante un público emocionado y nostálgico que la colmó de aplausos y al cual ella entregó su imagen elegante y decantada de gran vedette.


Rosita interpretó canciones que identifican su repertorio en los últimos tiempos: Por qué te vas, Los abedules, Mis sentimientos, Sin un reproche y Gracias por venir, así como Vaya una dama, del género lírico. Mostró una fidelidad al quehacer artístico increíble luego de una intensa carrera durante más de setenta años. Llenó la atmósfera con un resplandor mágico a pesar de sus movimientos mínimos en el escenario. Lució magnífica un flamante vestuario que resaltó su imagen glamorosa. Y sus seguidores demostraron que son capaces de adquirir en pocas horas todas las localidades del Gran Teatro para las tres funciones de fin de semana.



A la Fornés le acompañaron en la primera noche de Vedettísima los actores Mario Aguirre y Carlos Ruiz de la Tejera, los cantantes María Elena Pena, Sandra Orce, Hilda de la Hoz, Leo Vera, Bruno y Jaime Jiménez (Estrellita), la compañía Neotango y el Ballet de la Televisión Cubana.

Esta revista fue concebida por Raúl de la Rosa en 1989. A partir de esa fecha se presentó durante casi tres años en distintas ciudades de la Isla. Ahora, dos décadas después, sube al escenario del Gran Teatro de La Habana, un coliseo significativo en la carrera de la Fornés. Aquí actuó por primera vez en 1938 con quince años de edad como estrella naciente de la Corte Suprema del Arte, programa radial del que salieron figuras que alcanzaron gran notoriedad.


En Rosita Fornés, los antiguos recuerdos de reina del espectáculo acumulados por varias generaciones de cubanos se transforman ahora en una nueva dimensión que hace disfrutable su personalidad artística desde la nostalgia. A sus 86 años, ella logra una verdadera proeza: seguir siendo la gran estrella en la escena y, lo que es más impresionante, mantener la ilusión en el público.




Fotos: Lázaro Sarmiento

Entradas relacionadas:

ROSITA FORNES EN UNA PECERA (I)
ROSITA FORNES: UN TRABAJO A TIEMPO COMPLETO, CASI DE OBRERA.
OTROS MUNDOS: RECUERDOS DE LA VEDETTE
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ROSITA FORNES: SENSUAL SIN LLEGAR A LA AGRESION VISUAL, MORAL O FAMILIAR.

ROSITA FORNES HISTORICA. CONCIERTO EN EL ANFITEATRO DE LA HABANA POR EL ANIVERSARIO 70 DE SU DEBUT.


Rosita

martes, 14 de julio de 2009

OTROS MUNDOS: RECUERDOS DE LA VEDETTE


Dicen que hace años uno de sus admiradores rompió los cristales de un teatro para robarse una foto donde ella lucía deslumbrante en su mejor época. El protagonista de este arrebato de idolatría tuvo que cumplir una sentencia en la cárcel y en la celda colocó la imagen de la vedette como la de una santa glamorosa. Durante décadas Rosita Fornés fue en Cuba la estrella más mimada y televisada (y también cuestionada). En la foto, un ángulo del estudio de su casa en el reparto Siboney, al oeste de La Habana.

miércoles, 22 de octubre de 2008

ROSITA FORNES Y LA ADORACION DEL PUBLICO.


Por: Lázaro Sarmiento

Hace unos días, en el Anfiteatro de la Avenida del Puerto de La Habana, Rosita Fornés celebró el aniversario 70 de su debut. Mientras presenciaba el espectáculo recordé Toda una vedette, quizás la última de las grandes revistas protagonizadas por la Fornés. Entre ambas presentaciones habían transcurrido casi veinte años. Sin embargo, algo se mantenía intacto: las expresiones de adoración del público.

Desde el fondo de la platea avanzó en el personaje de Cleopatra sobre una parihuela dorada, sostenida por un grupo de musculosos súbditos musculosos. Los flecos negros de la peluca resaltaban la piel blanquísima del rostro .El cuerpo reclinado en almohadones mostraba los muslos aún victoriosos entre tules. La mirada en tic tac hacia ambos lados del pasillo lanzaba destellos de satisfacción. El público gritó, se paró, pataleó, lloró, quemó las palmas de sus manos. Estas eran las emociones que Rosita Fornés desencadenaba en 1989 en el teatro Mella de La Habana.

Los bailarines que conducían la litera se tomaron su tiempo para que cientos de pupilas observaran “de cerca” a la Reina de Egipto en su pública y democrática esplendidez. Y cuando la caravana subió a la artista hasta lo alto del escenario comenzó el repertorio de adjetivos desde el lunetario:

Rosita faraónica… Bellísima… Rosita tridimensional...Regia… Cuello de porcelana… Que Dios venga y vea a esta señora… Bravo… Tú eres la mejor… Rosa de Cuba…Perrísima…¡¡¡¡

En un momento cumbre de la revista, el Chino Castellanos agarró las piernas de Rosita Fornés y por unos instantes sostuvo su cuerpo en el aire contra la gravedad de la pista. Parecía la imagen de una trapecista en su mejor forma. Fue una proeza acrobática en una mujer que tenía entonces 66 años.


Esa noche de 1989 ocurrieron simultáneamente dos espectáculos en el teatro de la calle Línea de La Habana: uno en el escenario y el otro en la platea. Luego, a la salida, Rosita fue esperada por una muchedumbre, similar a la que la despedía cada semana en el edificio Focsa después de su show de televisión. Y como si dispusiera de todo el tiempo del universo, saludó con oficio de diva a las numerosas personas que se le acercaron queriéndola tocar, besar, ver, fotografiar, respirar su perfume, alcanzar unas fibras de su cabellera…Luego, el chofer puso en marcha el motor y ella se fue envuelta en los cristales oscuros del auto .

Pocas figuras son capaces de provocar reacciones tan apasionadas entre sus seguidores como las suscitadas por Rosita Fornés. El registro adecuado de ese comportamiento de fervor popular quizás hubiera dado como resultado un filme, o un libro, con un poderoso aliento sociológico.

Fotos: Lázaro. Anfiteatro del Puerto de La Habana .18.10.08

domingo, 10 de febrero de 2008

ROSITA FORNES: SENSUAL SIN LLEGAR A LA AGRESION VISUAL, MORAL O FAMILIAR.


Por: Lázaro Sarmiento

Desde el fondo de la platea avanzó en el personaje de Cleopatra sobre una parihuela dorada, sostenida por un grupo de musculosos súbditos. Los flecos negros de la peluca resaltaban la piel blanquísima del rostro y el cuerpo reclinado en almohadones mostraba los muslos aún victoriosos entre tules; la mirada en tic tac hacia ambos lados del pasillo lanzaba destellos de satisfacción. El público gritó, se paró, pataleó, lloró, quemó las palmas de sus manos. Esas eran las emociones que Rosita Fornés desencadenaba en 1989 en el teatro Mella de La Habana.

Los bailarines que conducían la litera se tomaron su tiempo para que cientos de pupilas observaran “de cerca” a la Reina de Egipto en su pública y democrática esplendidez. Y cuando la caravana subió al escenario comenzó el repertorio de adjetivos: Rosita faraónica! Bellísima! Rosita tridimensional! Regia! Cuello de porcelana! Bravo! Rosa de Cuba! Perrísima…!

Unos minutos después, el Chino Castellanos agarró las piernas de la artista y sostuvo su cuerpo, como imagen de una trapecista en su mejor forma, contra la gravedad de la pista. Fue una proeza acrobática en una mujer que tenía entonces 66 años.

Aproveché el intermedio para ir a su camerino y decirle que su entrevista-reportaje para el programa Musicalísimo de Radio Ciudad de La Habana había sido uno de los programas premiados ese año en el Festival Nacional de la Radio. Un peluquero, un maquillista, un vestuarista y una azafata me cerraron el paso. Por suerte me acompañaba un escritor muy conocido y la Fornés, al escuchar su voz insistiendo en pasar, salió disparada al encuentro de la buena noticia sin reparar que estaba a medio vestir. Su estilista de turno se apuró en cubrirla con una enorme sábana.

Un redactor en Wikipedia consigna que la palabra “vedette en francés, significa Estrella, la cual puede a la vez, cantar, bailar, actuar, mostrar su cuerpo de forma sensual sin llegar a la agresión visual, moral o familiar. La Vedette puede estar acompañada de un gran Espectáculo, con bailarines, una gran producción llena de plumas y lentejuelas, y que siempre en su momento fueron respetadas.” “Toda una vedette” fue quizás la última de las grandes revistas de Rosita en esa condición artística, que es como más la recordarán.

Esa noche ocurrían simultáneamente dos espectáculos en el popular teatro de la calle Línea: el del escenario y el del auditorio. Pocas figuras en Cuba son capaces de provocar reacciones tan apasionadas entre sus seguidores como las levantadas por Rosita Fornés. Registrar ese comportamiento daría como resultado un filme ,o un libro, con un poderoso atractivo sociológico.


domingo, 3 de febrero de 2008

ROSITA FORNES: UN TRABAJO A TIEMPO COMPLETO, CASI DE OBRERA.


Por: Lázaro Sarmiento


El sonidista había puesto en marcha el equipo de grabación sin que Rosita lo advirtiera. Transcurridos unos minutos, descubrió que aquella conversación desordenada estaba siendo registrada por la máquina. Entonces hizo una transición y con horror de baja intensidad, como en un radioteatro, preguntó: ¡¿Tu estas grabando esto?¡ Le dijimos que solo estábamos haciendo unas pruebas de audio. Gesto de contrariedad. Pestañas agitadas. Pero su enojo duró pocos segundos. Se aclaró la voz y con la impostación que estimó adecuada , empezó a contar la historia de su vida que se iniciaba en 1938 en la Corte Suprema del Arte, o un poco antes, a bordo de un trasatlántico español que la traía de regreso a la Isla, o mucho antes: niña disfrazada de odalisca frente a un gramófono.

Yo quería su visión sobre los hombres que se transformaban en rositas fornés en fiestas clandestinas. De las mujeres capaces de propinar golpes de boxeo con el fin de obtener butacas en las primeras filas de sus recitales. Del público que la esperaba a la salida de los Estudios del Focsa con flores, latas de conserva, cigarros, la estampita de la virgen, cualquier cosa, con tal de mimar a su estrella favorita. De la pirotecnia que le permitió conservar intacto su glamour cuando la vida se endureció y la palabra vedette perdió categoría. Me interesaba su actitud frente a los detractores que le reprochaban su imagen más cercana a Hollywood que al modelo de artista enarbolado por los nuevos tiempos de la Revolución. No hubo oportunidad de introducir estos temas. Los mitos tienen una poderosa intuición para administrar su biografía y terminan por imponer su propio guión.

Después de una hora de grabación, la cinta de audio había inventariado las escaleras por las que la Fornés descendió en escenarios de La Habana, México, Caracas y Barcelona; las operetas en las que brilló; su fotografía en la portada de la revista URSS; las cortinas de las que se aferró mientras interpretaba “Es mi hombre”; los policías que la escoltaron al salir del platillo volador posado en la Ciudad Deportiva; las plumas de pavo real que adornaron su cabeza en la pista de Tropicana; los bailarines que elevaron sus piernas hacia cielos de hojalata; los amantes que la cortejaron en melodramas ficticios y reales y Armando, al que amó de verdad; Rosita-Cleopatra en una carroza egipcia en los carnavales del Prado, y los elogios que recibió de músicos, escritores, periodistas y colegas durante los cincuenta años de artista recién celebrados. Al final, había hipnotizado a todos en el estudio con esa superabundancia de anécdotas, gestos y emociones. Incluso convenció a quienes la observaban con distancia en aquella pecera de radio.

Junto a Albis Torres y Sigfredo Ariel, que habían presenciado la entrevista, la acompañé hasta los bajos de la emisora donde estaba parqueado su Lada. Como si dispusiera de todo el tiempo del universo, saludó con oficio de diva a las numerosas personas que se le acercaron en la acera, queriéndola tocar, besar, ver, respirar su perfume. Se sentó frente al timón, puso en marcha el motor y se fue envuelta en los cristales oscuros de su auto.

En figuras como Rosita Fornés el oficio de estrella es un trabajo a tiempo completo, casi de obrera.

Continuará.
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ROSITA FORNES EN UNA PECERA (I)

ROSITA FORNES EN UNA PECERA (I)


Por: Lázaro Sarmiento

Ahora que Rosita Fornés celebra su cumpleaños 85, quiero recordar la entrevista que a fines de 1988 le hice para el programa Musicalísimo de Radio Ciudad de La Habana. La emisión fue premiada al año siguiente en el Festival Nacional de la Radio.

Cuando se abrieron las puertas del elevador, fue como si se hubieran descorrido las cortinas de un teatro: Rosita Fornés mitad-vedette, mitad- mujer real, en el papel de ella misma pero a las cuatro de la tarde.

Jean ajustando las carnes, tacones altos, gafas ahumadas, cabellera batida, labios de rojo intenso, maquillaje rejuvenecedor como piel extra, sarape mexicano encima del pulóver tortuga, perfume y unas pocas joyas de plata. Se acercaba ya a los 66 años pero los movimientos al andar, el brillo de los ojos y algunas partes del cuerpo gravitaban hacia edades imprecisas. Dijo “buenas tardes muchachos”, mostró la timidez coqueta de las famosas y cubrió a todos con una sonrisa luminosa, que no iba dirigida a nadie en particular, pero que cada uno podía interpretar como algo personal.

Le ofrecieron una taza del único café posible que existía, es decir, malo, y lo agradeció como el más exquisito gourmet. En todo momento daba la impresión de concederle una gran importancia a esta entrevista, no obstante tener lugar en una emisora que muy pocas veces difundía sus grabaciones pero donde –le habían dicho- “trabajaba gente muy inteligente”.

Las pupilas de los jóvenes de Radio Ciudad reflejaron ese día un arcoiris de reacciones: curiosidad, morbo, admiración, sorpresa, frialdad, dureza y respeto. Empeñados en hacer una radio lo más parecida posible a la época en que vivían, la mayoría no tenía vínculos con el mundo de farándula y lentejuelas al que permanecía anclado, en “handicap dorado", el nombre de Rosita Fornés.
Mientras preparábamos el programa, comenzó una conversación informal, de lo cotidiano y lo artístico. Rosita venía de solicitar que repararan la bomba de agua de su edificio -para esos trajines los vecinos contaban con ella- pues su nombre funcionaba como abre puertas; habló de los leones cuyos rugidos llegaban hasta el balcón de su apartamento frente al zoológico- a veces esas fieras se ponen insoportables-, y nombró las canciones que estaba montando para una revista musical que estrenaría dentro de unas semanas.

Luego surgieron otros temas: el cine nacional la había ignorado olímpicamente durante casi 25 años hasta que filmó Se permuta; los funcionarios que dirigían la televisión no atendieron su último programa, el cual mudaron de horario y canal hasta que terminó desapareciendo, y hubo una época en que fue criticada por los constantes cambios de trajes ( en una noche: georgette, organza, shantoung, lamé plateado) en Desfile de la alegría o De repente en TV. Pensé: si en Cuba no querían culto a la personalidad, no podía haber tampoco culto a Rosita Fornés.

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