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martes, 16 de junio de 2020

Rosita Fornés sobrevivió a la nostalgia.




Rosita Fornés sobrevivió a la nostalgia.

Por Lázaro Sarmiento.
  

Hace unas horas, un  joven mostró en las redes sociales un tatuaje  en su antebrazo con el autógrafo de la estrella y un dibujo alegórico. Ese joven fue niño rositómano como antes lo fueron sus padres y los padres de éstos. El fervor hacia Rosita Fornés se originó hace tres generaciones y quizás sea muy parecido al entusiasmo con el que los niños aclaman en la actualidad a sus ídolos del fútbol.

 

Recuerdo que hace unos años, en una casa de la Víbora, un venerable anciano conservaba orgulloso  una cajita de fósforos con  lentejuelas de un vestido que la artista había usado en una de sus temporadas en el Teatro de la Comedia. Los niños rositómanos crecieron: llegaron o la mitad de la edad de su estrella, o la alcanzaron. Tienen hijos, sobrinos o amigos jóvenes. Heredaron el mismo fervor por la artista que cruzó como un cometa el cielo de sus emociones. Los niños rositómanos están en todas partes. Y los que viven fuera de la Isla se llevaron en sus maletas, gritos, fotos, adjetivos y el eco de los teatros.

Norma Desmond lo intuyó en dos oraciones: “Nadie deja nunca a una estrella. Eso es lo que las vuelve estrellas”.

Ignoro la edad en que un niño se enamora de una estrella de televisión. Incluso un niño cuyos amigos de su barrio tenían como estrellas a los lanzadores de béisbol. En algún momento quedó cautivado por una artista rubia, que salía una vez a la semana en la pequeña pantalla. Interpretaba canciones, comedias y dramas y lo hacía como princesa, duquesa, vampiresa, viuda sensual, chica ye ye (hasta bailando mozambique) alegre dolly, cleopatra, se rodeada de bailarines, se cambiaba varias veces de vestuario y parecía que todos los reflectores del mundo coincidían sobre el aura de su rostro. La cámara se enamoraba de su belleza. Y ella aceptaba el galanteo. Yo siempre escuchaba los mismos comentarios de mi abuela desde la cocina sobre los años de la artista: Lazarito, la edad de Rosita viene de un tiempo muy lejos. ¿Qué importancia podía tener para un niño el tiempo, si eso es lo que más le sobra?

En una Escuela al Campo que carecía de aparato de televisión, atravesaba una noche cada semana un escabroso campo de papas hasta el campamento más cercano donde había una caja de las ilusiones para ver su programa favorito del Canal 6. No caminaba solo por la oscura guardarraya. Se las arreglaba para arrastrar consigo a algunos de los jugadores de béisbol.

Mi abuela se equivocaba cuando decía que la edad de la estrella venía de muy lejos. No, abuela, Rosita Fornés viene de una esa zona en la cual las cronologías desaparecen, el glamour se reafirma, lo mítico trasciende, el personaje se fabula (derecho democrático de sus admiradores), y la memoria de una generación pasa a la siguiente.

Hace unas noches presencié en el programa La danza eterna una emisión dedicada a la larga trayectoria artística de Rosita: fragmentos de películas, kinescopios, videos de sus programas y de sus grandes recitales. Aunque mi emoción no puede ser la misma de un adolescente, me reafirmé en la admiración. No encontré un solo gesto fuera de lugar en las actuaciones reunidas de la artista a través del tiempo. No es el elogio que merece cuando repetimos que su mérito descansa en la diversidad de géneros que interpretó. Que era una artista completa. Es verdad. Pero hubo otras con demostrada versatilidad que no trascendieron. Se desvanecieron en las secciones de farándula de las revistas.
Los valores de Rosita Fornés se sustentan en lo adecuada que estuvo en cada papel y en esa magia indescifrable que la acercó a la perfección. Trabajó con la disciplina de una obrera. Basta revisar cualquiera de los numerosos videos subidos a YouTube y a otros sitios de la internet: Miro como se vuelve de espaldas a la cámara para alejarse escoltada por sendas filas de percusionistas hasta perderse en el fondo del set luego de una clase magistral de prestancia y 
 decantación de gestos, mientras el cuerpo juega con una boa blanca que, más que una prenda, parece un animal rendido a su sensualidad. No exagero. Hay un extenso material visual como testimonio.

Rosita Fornés trascendió porque el público así lo quiso. La popularidad es una categoría que ningún decreto puede establecer. La popularidad es la reacción espontánea y acumulada de las multitudes. Y cuando esa popularidad se cimenta junto al cariño y la dignidad artística estamos en presencia de un símbolo en el horizonte cultural de una nación.
Al ver las fotos que sus admiradores publican en las redes sociales, imagino los paisajes que están detrás: la Corte Suprema del Arte, la Guerra Mundial, el Tívoli del DF, mimada por el lente del mexicano Herrera, actuaciones esporádicas en Churubusco, posando para el cubano Armand, Barcelona, la Guerra Fría, el platillo volador en la Ciudad Deportiva , conquista Moscú y toda la Europa Oriental , los estudios del Focsa , el teatro Amadeo Roldán, su interpretación de “Es mi hombre” en el Mella mostrando sus muslos gloriosos contra la gravedad sostenida por el Chino Castellanos, a una edad en que ese movimiento acrobático era una proeza …Y por último, aquella revista memorable en el 2008 en el Anfiteatro de la Habana en la que quizás fue la última de sus presentaciones con ritualidad de gran vedette.

Cuando finalizó el homenaje de La danza eterna, pensé en el niño que una noche descubrió un programa de televisión donde las cortinas se descorrían como en los teatros y se oían voces en off "¿Qué hora es? Es hora de comenzar… " Y aparecía deslumbrante la reina del show.

Sentí que volvía a mi casa de Luyanó y bajaba a la esquina para contarles a mis amigos del barrio noticias inventadas sobre su artista favorita en la televisión. Entonces el niño no sabía que aquella era una época difícil para una estrella. Había funcionarios que desconfiaban del glamour, las plumas, las lentejuelas, de los cambios constantes de vestidos. Sin embargo, siempre estaban - y nunca faltarán - las ilusiones. Volví a escuchar las frases que le gritaban sus fanáticos desde la platea y a la salida de los espectáculos. Algunos con delirio. No hay nada raro en esa vuelta. La palabra nostalgia en su origen griego fue nóstos, es decir, regreso al hogar. Rosita Fornés había regresado a la casa de las emociones.

Ella sobrevivió a la nostalgia.

jueves, 21 de junio de 2012

LA MARIONETA ROSITA FORNES.

Hace unos días, en el Teatro Mariana Grajales, de La Víbora, LaHabana, el marionetista Carlos González, Director del Proyecto Comunitario Hilos Mágicos, presentó esta marioneta con la figura de la legendaria vedette cubana Rosita Fornés (89 años) , quien por estos días hace una impactante aparición en el Teatro Nacional , en la obra Mi monólogo interior. Escrita y dirigida por José Antonio Jiménez, nuero de la estrella, la pieza es protagonizada por el actor Jean Marc. En los minutos finales del espectáculo, la Fornés aparece en escena y canta Sin un reproche, de José Manuel Solís. El público la envuelve en una larga ovación, digna de su extensa carrera artística.

Imagen de arriba: Foto tomada por Beatriz Granado, publicada en
www.cadenahabana.cu/2012/06/19/homenajean-en-10-de-octubre-a-la-gran-vedette-de-cuba/





domingo, 26 de junio de 2011

BUSCANDO LAS GRULLAS DE LA EMPERATRIZ


Por: Lázaro Sarmiento

Frente al cine Águila de Oro, en el barrio chino de La Habana, pienso en el destino de las grullas imperiales durante los fulgores de la Revolución en Pekín. Y luego imagino pasadizos ocultos detrás de los muros de las viejas sociedades fraternales chinas en Cuba. En sus fachadas hay grabados nombres con fonéticas misteriosas…Cheng-Wah, Loung Kong Ta Tong, Min Chin Tang, Chang...

Me gusta ese pequeño callejón en una esquina de Zanja, con algo de set de la Paramount atiborrado de mini restaurantes que sirven comida china y criolla y también pizzas, espaguetis y dulces cubanos. Pero no es la comida la que me impresiona sino el pasado glorioso de nuestra ciudad amarilla.

Ya en el año 1940 Alejo Carpentier sentía nostalgia por la más admirable fábrica de ensueños que pueda imaginarse: el Teatro Chino de La Habana, “que gozaba del privilegio de ser con el de Lima y el de Los Ángeles, uno de los mejores de América en su género.”


Alejo anotaba: “El teatro chino es ininteligible para quien desconoce su simbólica admirable…Pero cuando se sabe del sentido de ciertos objetos dotados de historia, todo se hace claro y poético…”

Lo mismo pensaba Dulce María Loynaz , que un día en su palacete de El Vedado le dijo a Miguel Barnet: “Cuando vaya a Pekín y tenga contacto directo con ese país va a comprender mejor muchas claves de la gran cultura china.” El autor de Biografía de un cimarrón visitó la Ciudad Prohibida, la Muralla y mil sitios más. Y al regresar a La Habana escribió Poemas chinos…

…“Las uñas de la emperatriz eran terriblemente largas/La emperatriz poesía un jardín de piedras preciosas y grullas amaestradas…”




Entrada del callejón de Zanja. Barrio chino de La Habana. Con un grupo de amigos, entre ellos Lin Chang, músico y locutor de la radio cubana, descendiente de familia de origen chino asentada en Manzanillo, en el oriente de la Isla.







lunes, 7 de febrero de 2011

FACHADAS DE CENTRO HABANA.



El magnífico cine teatro Astral fue remozado hace unos años. Ubicado en Infanta, esquina San Martín, Municipio Centro Habana, es sede de múltiples eventos culturales. Últimamente ha presentado espectáculos humorísticos con gran éxito de público.


En este edificio de elegancia ajada en la calle Reina estuvo el antiguo diario cubano El País.



La Residencia Estudiantil de la Escuela Nacional de Ballet, en la calle Zanja, esquina Aramburo, en Centro Habana, cuenta con confortables dormitorios, áreas gastronómicas, salones de estudio, tabloncillos de ensayo y locales terapéuticos.

Fotos de fachadas: Lázaro 06.02.11

domingo, 14 de noviembre de 2010

POR ANGELA DAVIS, 1971.

Por: Lázaro Sarmiento

La interpretaron casi todas las cantantes principales de la época en la Isla. Desde Elena Burke hasta Rosita Fornés. Esta tarde, hojeando el Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba, de Radamés Giro, me encuentro con el año de su estreno, 1971, en la entrada dedicada a Tania Castellanos. Ella es la autora de ¡Por Ángela! , una canción en solidaridad con la luchadora afronorteamericana. Respondía a la inmediatez del momento. Cuatro décadas después solo conocen esta melodía quienes la escuchaban entonces, innumerables veces, pidiendo la libertad de Ángela Davis.

1971 fue el año del primer concierto del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Silvio compuso La Nueva Escuela y El tren blindado.

En el cabaret Capri se presentaba el show Café de los recuerdos, con numerosos artistas en escena, entre ellos Barbarito Diez, Graciano Gómez, Isaac Oviedo, Amparito Valencia y Clara y Mario. En los Aires de Cristal de Tropicana estaban Marta Strada y Los Zafiros Y en el Parisién actuaban Wilfredo Mendi, Dunia, La Taína, y Bobby Carcassés, entre otros.

Pero en 1971 yo era muy joven y los cabarets no me interesaban. Me recuerdo ese año esperando a un amigo en la acera de Calzada, frente al teatro Amadeo Roldán, para ver un concierto de Ewa Demarczyk, El Ángel Negro de la Canción Polaca. Era una época dura pero de una intensidad deslumbrante y con muchas puertas por abrir. Quisiera regresar a aquella noche, en esa calle del Vedado.



En la foto: Tania Castellanos, autora de ¡Por Ángela¡, en uno de los programas de Rosita Fornés en la Televisión Cubana durante la década de los años setenta. Tania Castellanos nació en La Habana el 27 de junio de 1920 y murió en esta misma ciudad el 8 de diciembre de 1988. Entre sus obras figuran los boleros Inmensa melodía, En nosotros y Recordaré tu boca; ; y las canciones Cuba, corazón de Nuestra América, Canción a mi Habana, Por los Andes del Orbe, Vuélvete a mí, Me Niego y En mi evocación.

sábado, 4 de septiembre de 2010

OFICIO PARA ADULTOS: CUIDAR UNA MUÑECA.

Por: Lázaro Sarmiento

Se han preguntado ustedes ¿cuál es la razón por la que los adultos no jugamos con juguetes? G. K. Chesterton argumentaba: “La razón es que jugar con juguetes exige mucho más tiempo y trabajo que cualquier otra cosa. Jugar tal como los niños lo entienden es la cosa más seria del mundo”.

Chesterton afirmaba también que es mucho más sencillo consagrarse a una obra pedagógica que cuidar de una muñeca. Lo explica en su libro Enormes minucias (Colección Austral, Buenos Aires, 1946). Adquirí este título cuarenta años después de esa fecha, de manos de Jose (sin acento), un vendedor ambulante de libros de viejo que ponía su carga en los portales de la avenida Carlos III de La Habana y que muchos lectores deben estar añorando por los precios tentadores de sus ofertas.

“Es mucho más sencillo consagrarse a una obra pedagógica que cuidar de una muñeca. Tan fácil es escribir un artículo sobre pedagogía como escribir un artículo sobre las almendras tostadas o sobre los tranvías o sobre cualquier otra cosa. Pero cuidar de una muñeca es casi tan difícil como cuidar de un niño. Las niñas que yo encuentro en la calles de Battersea adoran a sus muñecas de una forma que me recuerda más a la idolatría que al juego. En algunos casos, el amor y el cuidado del símbolo artístico ha resultado más importante que la realidad humana que originalmente se trataba, supongo yo, de simbolizar”.

Y seguidamente Chesterton explicaba que el hombre que escribe sobre la maternidad es meramente un pedagogo; la niña que juega con una muñeca es una madre. Luego, sin que nos demos cuenta, como era costumbre en este autor, nos lleva a otra reflexión: el placer puro. Según Chesterton, en este mundo no podemos lograr el placer puro. En parte, porque el placer puro sería peligroso para nosotros y para los que nos rodean.

Si yo tuviera dinero coleccionaría juguetes. Ahora me conformo con tener esta reproducción de un Ford, modelo 1953, que desde el techo del refrigerador observa a los visitantes que llegan a mi casa.

Strength Training, de Steven Klein, fotografía de agosto de 2006

En Enormes minucias Chesterton reúne textos originalmente publicados en el periódico británico The Daily News. Los temas van desde el trozo de una tiza hasta el secreto de un tren, incluyendo la crónica titulada El Teatro de Juguete.

domingo, 29 de noviembre de 2009

LA NOCHE EN QUE NACIO LA MITOLOGIA DE JOSEPHINE BAKER


Transcurría el año 1925 y disminuía el número de espectadores en los espectáculos del Teatro de los Campos Elíseos de París. En opinión del pintor Fernard Léger había que “encontrar una cosa tremenda, explosiva” para atraer al público nuevamente. Entonces los empresarios franceses buscaron "esa cosa" en Nueva York. Allí formaron la Revista Negra, destinada a actuar en París, con Josephine Baker como máxima estrella.

Las circunstancias del debut de la Revista Negra en la capital de Francia, las evocaba el escritor Alejo Carpentier en el artículo La mitología de Josephine, publicado en 1959 en el diario venezolano El Nacional:

“El caso fue que un día de octubre de 1925, el telón del Teatro de los Campos Elíseos se alzó ante un público sumamente hostil, que había sido preparado por varios periódicos para silbar el espectáculo. Se tenía por intolerable y escandaloso que una compañía de artistas negros, del género frívolo, se presentara en un edificio decorado por Maurice Denis y por Bourdelle.”

Y más adelante, Carpentier recordaba:

“Pero no ocurrió lo que se esperaba. Bastó con la aparición del clarinetista Sydney Bechet, para que el público observara un silencio respetuoso...Y luego entró Josephine Baker, en la escena, sometiendo la felina sintaxis de su cuerpo a los ritmos de la orquesta. En menos de cinco minutos la partida estaba ganada. Sonó luego una ovación tan tremenda y prolongada, que fue necesario echar el telón para que el espectáculo prosiguiera normalmente...Esa noche nació la mitología de Josephine Baker, a la sombra de Léger, de Desnoes, de Picabia...

JOSEPHINE EN LA HABANA. La vedette Josephine Baker estuvo cinco veces en Cuba de 1950 a 1966. De estas visitas hay una amplia información en el sitio digital de la revista Opus Habana: JOSEPHINE BAKER, DE PARIS A LA HABANA, así como en Habana Radio: JOSEPHINE BAKER EN CUBA (I)

martes, 24 de noviembre de 2009

LA ARTISTA QUE INSPIRÓ CANCION DE RACHEL


Por: Lázaro Sarmiento

Amalia Sorg fue la vedette en la que se inspiró Miguel Barnet para escribir Canción de Rachel. Esta novela testimonio se publicó en 1969 y desde entonces ha tenido numerosas ediciones en Cuba y en otros países , así como versiones para el teatro y el cine. En las próximas semanas se celebrarán los veinte años del estreno en La Habana de La bella del Alhambra, el filme que Enrique Pineda Barnet realizó a partir del libro de su primo.

Miguel Barnet ha dicho que de todas las vedettes del Teatro Alhambra, Amalia Sorg era la más sensual, la más sicalíptica: “La conocí de 88 años, en 1969. Se ponía unos tacones muy altos, pelucas, maquillaje exagerado. Me enamoré de ella, un amor platónico, y ella de mí, no tan platónicamente.”

Ella narraba su historia al joven etnólogo y poeta y él la recreaba con su imaginación y cultura. El resultado fue la vida de Amalia (Rachel) tal como ella se lo contó al escritor y tal como él se la contó después a ella. Como otros personajes de la literatura en el mundo , Rachel debe tener mucho de la invención de su autor .

La tiple cómica Amalia Sorg nació en Nueva York en 1886 y murió en La Habana en 1974. Según el Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba, de Radamés Giro, en 1898 vino a residir en La Habana, para después establecerse durante varios años en Barcelona, España, donde, como alumna de un convento estudió piano y recibió clases de canto. De vuelta a Cuba ingresó en el coro del teatro Albisu y un día sustituyó a una de las principales figuras de ese coliseo en el sainete El perro chico. Desde ese momento trabajó como solista.


Del Albisu, pasó al Molino Rojo, hasta que fue contratada por Federico Viloch para que actuara en el Alhambra, situado en Consulado y Virtudes, un teatro que durante décadas disfrutó de extraordinaria popularidad. Allí brilló en obras como La isla de las cotorras y Fiebre del loro. Cuando el Alhambra se derrumbó en 1935, Amalia Sorg se retiró de la vida artística. En compañía de otras estrellas del mítico teatro, recibió un homenaje en el año 1963 durante el Festival de Música Popular, en el escenario del Amadeo Roldán. Las imágenes fílmicas que se conservan de la noche de aquel espectáculo constituyen un valioso testimonio.

Luego Amalia Sorg apareció en el nostálgico documental de Manuel Octavio Gómez Recuerdos del Alhambra (1963) junto a los rostros ya envejecidos de Blanquita Becerra, Amalia Sorg, María Pardo, Luz Gil…Todas antiguas reinas de “un teatro para hombres solamente…que lo vio todo el mundo.” Este documental logra llegar a la actualidad con un delicioso encanto histórico y artístico.

En una ocasión le preguntaron a Barnet ¿qué es una vedette?: “ Una artista, una fantasía colectiva, un objeto sexual, quintaesencia del glamour, marioneta de los hombres, un momento de alegría, una leyenda negra y también rosa, rehén de su belleza, una vida deshilachada, un mito contemporáneo.”

Un poco de todas esas cualidades había en Amalia Sorg.


Rosita Fornés y Miguel Barnet. El director Enrique Pineda Barnet tenía la intención de que la famosa vedette cantara Quiéreme mucho en una escena de La bella del Alhambra. “Rachel se fascinaba con ella y se proponía alcanzar su mismo nivel. Era un homenaje que le quería hacer a Rosita Fornés, pero por una serie de razones no pude contar con ella”. (Pineda en una entrevista en Bohemia, octubre de 1989)
M

martes, 8 de septiembre de 2009

TEATRO CAMPOAMOR.


La siguiente crónica titulada Teatro Campoamor, de Miguel Barnet, fue publicada en el libro Arquitectura cubana. Metamorfosis, pensamiento y crítica (textos de varios autores).


En mi trono de la adolescencia vi desfilar por el teatro Campoamor a las cupletistas andaluzas engordadas con jamón de Jaburgo y panes de ajo, a los tenores desafinados que cantaban Granada o Júrame con sacos de tres botones y pelos envaselinados , a las coloraturas que aullando hasta rajar el tímpano se empinaban para alcanzar el agudo de Soledad de Rodrigo Prats, al viejo Bringuier y Alicia Rico improvisando morcillas salidas del ingenio criollo para salvar aquellos sketches borrosos escritos por chupatintas que quedaron para siempre en el olvido. Al mago Mandrake con sus pantalones anchos y sus dientes de oro coruscantes y fríos. El mago Mandrake que un día desapareció para siempre en una calle de La Habana que hoy llamamos centro. La populosa calle Industria y el café de enfrente del teatro, donde mis tíos paternos se daban cita con las artistas argentinas llegadas en compañías de tango que se despedazaban a causa de repentinos amoríos tropicales.



En el Campoamor vi por primera vez a Rita Montaner cuando le espetaba un insulto irrepetible, acompañado de sendas bofetadas en pleno rostro, a un desconocido. Vi película como Friné, la cortesana y Nobleza baturra, de Imperio Argentina. ¡Échale guindas al pavo ¡Y oí a Lola Flores taconeando en el escenario , ¡Que viva el Campoamor¡

Pero ya en esos años que vagamente vienen a mi memoria el Campoamor no era ni la sombra de lo que había sido; un teatro tipo vienés, de herradura, para voces pequeñas y gastadas, para zarzuelas y operetas, engalardonado con orla doradas y lámparas de rococó donde lo más granado de La Habana se daba cita y las “chusmas diligentes” se apelotonaban en el gallinero para cazar un gallo, chiflar o tirar un huevo a un cantante a quien esa noche se le habían unido el cielo y la tierra.


El teatro Campoamor abrazó su cenit con las veladas afrocubanas organizadas por Fernando Ortiz y la Hispanocubana de Cultura, donde el antropólogo cubano llevó al escenario por primera vez los tambores batá de Pablo Roche en 1936. Ese mismo año Ortiz auspició por la Hispanocubana el Festival de Poesía que dirigió Juan Ramón Jiménez. Voces jóvenes se escucharon allí: Lezama, Cintio y Fina estuvieron presentes Juan Ramón, pese a su carácter venético, le insufló mucho aliento a la poesía cubana. ¡Que exquisito bocado esta isla, y qué peligroso!, exclamó el poeta andaluz en La Habana

Figuras como Eusebia Cosme y Berta Singermann ilustraron lo más cálido y profundo y también lo más epidérmico y pintoresquita de la poesía negra en boga, tantas y tantas cosas…Hoy las cáscaras del Campoamor son lo único que queda de aquel teatro donde con pantalones bombachos celebré mis nueve años de edad. Un lamentable tren de bicicletas y un nido de ratas se exhiben en aquella esquina de glorias remotas.


No alabo los años idos ni credo que cualquier tiempo pasado fue mejor. Como T. S Eliot estoy convencido de que el tiempo presente lo condensa todo y contiene incluso mucha argamasa del futuro. Prefiero el hoy con sus tremolinas y sus contradicciones. No me sumerjo en la nostalgia sino para combatirla. Pero ella es fértil y da pie a estas memorias que, de algún modo, amplifican el tiempo que fue.

Yo fui un niño privilegiado de la década del cuarenta. La siguiente, grotesca y peligrosa, me dio la vibración que marca mis días, la energía creativa y la brújula. Pero fue, sin dudas, la década del sesenta la que definió mi vida radicalmente. Hermosos, como la mentira, fueron aquellos años que hoy evoco con alegría.


!Teatro Campoamor, no dejes que lo que queda de ti caiga estrepitosamente al suelo ¡
¡Yérguete como lo que fuiste, un coloso de la comedia y el vodevil, de la zarzuela y la opereta , del vernáculo y de las ensaladillas humorísticas¡ ¡Que como en el pasaje de Elías del Antiguo Testamento surjas de tus huesos hoy secos y de tus cenizas¡
Amén.

Teatro Campoamor, crónica de Miguel Barnet tomada de Arquitectura cubana. Metamorfosis, pensamiento y crítica. Selección de textos. Artecubano Ediciones, La Habana, 2002.

El escritor Miguel Barnet con la vedette Rosita Fornés durante un evento de arte lírico de la UNEAC, a fines de la década de 1980.


Portada del disco con la adaptación del cuento Fátima o el Parque de la Fraternidad en la voz de su autor Miguel Barnet. El texto fue premio Juan Rulfo 2006 en el concurso que anualmente convoca Radio Francia Internacional. La grabación fue realizada en Habana Radio, emisora de la Oficina del Historiador de La Habana, el 16 de mayo de 2007 bajo la dirección general de Magda Resik Aguirre. Grabación y edición: Alexis Rodríguez. Diseño: Masvidal.

miércoles, 10 de junio de 2009

ANIVERSARIO DEL TEATRO NACIONAL DE CUBA

Hace cincuenta años, el 12 de junio de 1959, el Consejo de Ministros aprobó la Ley que creó el Teatro Nacional Gertrudis Gómez de Avellaneda. Entonces su edificio, ubicado en la Plaza de la Revolución José Martí, en La Habana, aún estaba en construcción. Las funciones se iniciaron en la sala Covarrubias, luego se concluyó el resto de las instalaciones. Su primera directora fue la joven intelectual Isabel Monal Rodríguez.

Reinaldo Morales Campos recuerda el acontecimiento en un artículo publicado en La Jiribilla en el que evoca los carteles de los primeros espectáculos presentados en la sala Covarrubias.

“Entre 1959 y 1960 en el Teatro Nacional de Cuba, devenido uno de los centros culturales más importantes de América Latina, se realizaron importantes presentaciones en su sala Covarrubias, obras como La ramera respetuosa, de Sucre; realizado por Francisco Morin y El lindo ruiseñor, por Dume; así como los espectáculos del Conjunto de Danza Moderna, La suite yoruba, de Ramiro Guerra y los del folclor afrocubano estrenados por Argeliers León, distinguieron la labor de dicha institución; que en eficaz colaboración con las organizaciones obreras y campesinas, extendió su labor a centros laborales y comunidades rurales de todo el país.



“En el Teatro Nacional de Cuba, Ricardo Vigón, jefe de Propaganda hasta que murió en abril de 1960, creó un equipo de trabajo de diseño, que tuvo como director artístico al artista de la plástica Pedro Oraá Carratalá e integrado por los creadores Umberto Peña, Carlos Manuel Díaz Gámez, Roberto Guerrero, Rolando Oraá y José Manuel Villa. Tony Évora colaboró con el diseño del programa que informaba de las actividades programadas en sus instalaciones culturales…”


Imagen derecha: Afiche de Rolando Oraá. Teatro Nacional de Cuba / Ministerio de Educación, serigrafía, 1960.

viernes, 5 de junio de 2009

MUERE EN LA HABANA UNA DESCENDIENTE DE PONCE DE LEON

Por: Lázaro Sarmiento

Cuqui Ponce de León llevó a los escenarios de La Habana y a la pequeña pantalla numerosos títulos teatrales del repertorio cubano y universal. Los espectadores más jóvenes recuerdan su nombre en los créditos de los programas Teatro ICRT, El Cuento y Conversando, en una época en que ella tenía ya una larga y prestigiosa trayectoria como directora de teatro y televisión.


Cuqui Ponce de León acaba de morir en La Habana a los 92 años de edad. Detrás de esta mujer que en una de sus últimas entrevistas afirmó “todo lo nuevo me interesa”, hay un fulgurante linaje histórico y una vida de utilidad y corrección:

“La primera esposa del heredero de una de las más acaudaladas familias tabacaleras de Cuba; ella pertenecía a una familia aristocrática y descendiente del explorador español Ponce de León, descubridor de la Florida y supuesto buscador de la ‘fuente de la juventud’.” Esto destacan Marjorie Moore y Adrienne Hunter, autoras del libro Siete mujeres y la Revolución Cubana. (Ciencias Sociales, 2003)

Las mansiones que construyeron los descendientes de los Ponce de León aún pueden verse en La Habana Vieja. Y uno de los bisabuelos de Cuqui fue Antonio Bachiller y Morales.

En el citado libro, Cuqui declara: “Bueno, mi primer esposo era muy rico. Era el heredero de una fortuna tabacalera. Su padre era un alemán que vino a Cuba y fundó la H. Upmann Tabacco Company, la cual llegó a ser conocida en todo el mundo”.

Después de 1959, Cuqui Ponce de León se integró a diversas tareas de la Revolución. Fue la primera directora del Grupo de Teatro Rita Montaner, colectivo con el que se mantuvo hasta 1968. Ese año regresó a la televisión. Ella había trabajado ya en el capitalismo en el Canal 4 y CMQ dirigiendo todo tipo de programas, desde dramáticos hasta de modas, incluso deportivos.

Celia Sara Ponce de León y Pérez del Castillo. La Habana 9 de diciembre de 1916-4 de junio de 2009. Se había retirado en 1989. Recibió la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Televisión por la obra de la vida.

Los cubanos de varias generaciones le deben incontables horas dramatizadas a Cuqui Ponce, una de las primeras mujeres en dirigir programas televisivos en este país.



En la foto (tomada de Opus Habana) aparecen Fernández de Amado Blanco y Cuqui Ponce de León de Upmann en 1947. En este año recibieron el premio «Talia», que otorgaba el Patronato de Teatro por «su brillante trabajo directriz en El Loco del año, de Rafael Suárez Solís».

Entradas relacionadas en el blog:
Vicente Revuelta, el teatro chino y Mei Lan Fan
MUJERES DE TEATRO.

domingo, 3 de mayo de 2009

JUGAR ES LA COSA MAS SERIA

Por: Lázaro Sarmiento

Se han preguntado ustedes cuál es la razón por la que los adultos no jugamos con juguetes. Chesterton argumentaba: “La razón es que jugar con juguetes exige mucho más tiempo y trabajo que cualquier otra cosa. Jugar tal como los niños lo entienden es la cosa más seria del mundo”.

Me atrevo asegurar que Maykel González desde su atalaya en Sagua la Grande estará de acuerdo con la afirmación del escritor británico.

Cuando me ataca el virus de la pereza actualizo el blog con subrayados hechos en las páginas de algunos libros que aprecio. Uno de estos libros es Enormes minucias, de G. K. Chesterton (Colección Austral, Buenos Aires, 1946). Lo adquirí cuarenta años después de esa fecha, de manos de Jose (sin acento), un viejo librero ambulante que ponía su carga en un portal de la avenida Carlos III de La Habana.

En Enormes minucias Chesterton reúne textos originalmente publicados en el periódico The Daily News. Los temas van desde un trozo de tiza hasta el secreto de un tren, incluyendo el titulado El Teatro de Juguete.

“Es mucho más sencillo consagrarse a una obra pedagógica que cuidar de una muñeca. Tan fácil es escribir un artículo sobre pedagogía como escribir un artículo sobre las almendras tostadas o sobre los tranvías o sobre cualquier otra cosa. Pero cuidar de una muñeca es casi tan difícil como cuidar de un niño. Las niñas que yo encuentro en la calles de Battersea adoran a sus muñecas de una forma que me recuerda más a la idolatría que al juego. En algunos casos, el amor y el cuidado del símbolo artístico ha resultado más importante que la realidad humana que originalmente se trataba, supongo yo, de simbolizar”.

Y seguidamente Chesterton explica que el hombre que escribe sobre la maternidad es meramente un pedagogo; la niña que juega con una muñeca es una madre. Luego, sin que nos demos cuenta, como era costumbre en este autor, nos lleva a otra reflexión: el placer puro. Según Chesterton, en este mundo no podemos lograr el placer puro. En parte, porque el placer puro sería peligroso para nosotros y para los que nos rodean.

viernes, 20 de marzo de 2009

Del Teatro en Cuba. El grupo Argos Teatro presenta en La Habana la obra Final de Partida del dramaturgo Samuel Beckett bajo la dirección de Carlos Celdrán. La puesta en escena está precedida de grandes expectativas debido al prestigio del director y los actores. Argos Teatro tiene su sede en Ayestarán y 20 de Mayo.

domingo, 8 de febrero de 2009


Desfile de vedettes.


Por: Lázaro Sarmiento

Cuentos del Alhambra es un documental de Manuel Octavio Gómez realizado en 1963. Recientemente lo transmitieron por televisión y quedé sorprendido por su concepción, estilo visual, diálogos, montaje de las entrevistas y manejo de la información. Ya quisieran algunos documentales actuales parecerse a esta obra que tiene más de 45 años y proyecta un delicioso encanto histórico y artístico. Es una lástima que el tiempo haya dañado algunos fragmentos de la banda sonora, principalmente en los minutos iniciales cuando Rosita Fornés, entonces en su esplendor físico y escénico, presenta el homenaje a las antiguas glorias del teatro Alhambra.

Y delante de los espectadores pasan los rostros envejecidos de Blanquita Becerra, Amalia Sorg, María Pardo, Luz Gil…Antiguas reinas de “un teatro para hombres solamente…que lo vio todo el mundo.” Ubicado en la esquina de las calles habaneras de Consulado y Virtudes, el elenco del Alhambra también organizaba presentaciones para un público familiar en otros teatros de la capital o del interior del país.

Una de las mujeres que aparecen en el documental, Amalia Sorg, inspiró a Miguel Barnet su novela testimonio Canción de Rachel. El escritor ha dicho que de todas las vedettes del Teatro Alhambra, ella era la más sensual, la más sicalíptica: “La conocí de 88 años, en 1969. Se ponía unos tacones muy altos, pelucas, maquillaje exagerado. Me enamoré de ella, un amor platónico, y ella de mí, no tan platónicamente .”


Luego el director Enrique Pineda llevaba la novela al cine con el título de La bella del Alhambra (Beatriz Valdés), un filme que conquistó al público. La última estrella en representar en el teatro a la vedette de Canción de Rachel es la cubana radicada en México Niurka Marcos. Barnet viajó a Ciudad México en el 2005 para presenciar la puesta en escena en el teatro Fru Fru de la versión de su libro. Allí declaró: "Rachel es Ninón Sevilla, María Antonieta Pons, Irma Serrano, Rosita Fornés, Tongolele, Edith González, Niurka. Las grandes vedettes que han trabajado en el cine, en el teatro, a veces haciendo concesiones, a veces en teatros de cuarta categoría y otras veces en teatros de primera.”



En esa ocasión le preguntaron a Barnet ¿qué es una vedette?: “ Una artista, una fantasía colectiva, un objeto sexual, quintaesencia del glamour, marioneta de los hombres, un momento de alegría, una leyenda negra y también rosa, rehén de su belleza, una vida deshilachada, un mito contemporáneo.”

Es una suerte que existan los testimonios de aquellas antiguas vedettes recogidos en el documental Cuentos del Alhambra y en el libro Canción de Rachel, de Miguel Barnet.

lunes, 31 de diciembre de 2007


Alicia Alonso detiene el tiempo.

Por: Lázaro Sarmiento



Bajo la mirada cómplice de los satélites, llevando coreografías románticas y posmodernas de una ciudad a otra del planeta, mimada por el cariño de su pueblo, Alicia Alonso ha logrado el sueño secreto de la mayoría de los terrícolas: detener el tiempo.

Al final de la década del setenta, en el Teatro García Lorca de La Habana , la vi bailar por primera vez. Aplaudí su adagio del Lago de los Cisnes con el deslumbramiento de quien asiste a la revelación de un misterio, a la escenificación de una leyenda.

Ella había convertido unos pocos minutos en el escenario en un poderoso símbolo artístico. Luego de la función le expresó a un periodista: “En cualquier oficio hay que buscar la perfección... Créame, no hay incógnitas en mi baile, solo trabajo, constante, infinito, sin retención”.

Las personas que la ovacionamos aquella noche sabíamos que la perfección de sus doncellas-cisnes, de su ingrávida Giselle, de la electrizante Carmen, constituye un enigma que muy pocas bailarinas logran descifrar jamás.

Y cuando parecía que en la Tierra quedaban pocas reinas como las que habitan los cuentos de “Había una vez”, Alicia desafió los pronósticos y se negó a abdicar. Ahora, su arte se multiplica en numerosos proyectos, clases magistrales y a través del Ballet Nacional de Cuba, uno de los rostros de nuestra identidad.

Desde los más disímiles lugares, a orillas de un lago ruso, o en lo alto de un rascacielos de Malasia, una persona con computadora y teléfono tiene acceso a Alicia Alonso. En Internet hay un sitio que ofrece muchísimos datos sobre su trayectoria con fotos, fechas y reseñas. Sin embargo, ninguna página web es capaz de guardar la emoción que sintió este cronista cuando la vio bailar por primera vez.

El 21 de diciembre, al escuchar junto a una taza de café los noticieros de la mañana que anunciaban el cumpleaños de Alicia, pensé que entre mis mejores recuerdos figura aquella noche, hace casi treinta años, cuando un frágil cisne de amor me enseñó que el mundo pertenece a los que no se cansan y que el corazón de una mujer transformada en ave puede detener el tiempo.
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