La siguiente crónica titulada Teatro Campoamor, de Miguel Barnet, fue publicada en el libro Arquitectura cubana. Metamorfosis, pensamiento y crítica (textos de varios autores).
En mi trono de la adolescencia vi desfilar por el teatro Campoamor a las cupletistas andaluzas engordadas con jamón de Jaburgo y panes de ajo, a los tenores desafinados que cantaban Granada o Júrame con sacos de tres botones y pelos envaselinados , a las coloraturas que aullando hasta rajar el tímpano se empinaban para alcanzar el agudo de Soledad de Rodrigo Prats, al viejo Bringuier y Alicia Rico improvisando morcillas salidas del ingenio criollo para salvar aquellos sketches borrosos escritos por chupatintas que quedaron para siempre en el olvido. Al mago Mandrake con sus pantalones anchos y sus dientes de oro coruscantes y fríos. El mago Mandrake que un día desapareció para siempre en una calle de La Habana que hoy llamamos centro. La populosa calle Industria y el café de enfrente del teatro, donde mis tíos paternos se daban cita con las artistas argentinas llegadas en compañías de tango que se despedazaban a causa de repentinos amoríos tropicales.
Pero ya en esos años que vagamente vienen a mi memoria el Campoamor no era ni la sombra de lo que había sido; un teatro tipo vienés, de herradura, para voces pequeñas y gastadas, para zarzuelas y operetas, engalardonado con orla doradas y lámparas de rococó donde lo más granado de La Habana se daba cita y las “chusmas diligentes” se apelotonaban en el gallinero para cazar un gallo, chiflar o tirar un huevo a un cantante a quien esa noche se le habían unido el cielo y la tierra.
Figuras como Eusebia Cosme y Berta Singermann ilustraron lo más cálido y profundo y también lo más epidérmico y pintoresquita de la poesía negra en boga, tantas y tantas cosas…Hoy las cáscaras del Campoamor son lo único que queda de aquel teatro donde con pantalones bombachos celebré mis nueve años de edad. Un lamentable tren de bicicletas y un nido de ratas se exhiben en aquella esquina de glorias remotas.
Yo fui un niño privilegiado de la década del cuarenta. La siguiente, grotesca y peligrosa, me dio la vibración que marca mis días, la energía creativa y la brújula. Pero fue, sin dudas, la década del sesenta la que definió mi vida radicalmente. Hermosos, como la mentira, fueron aquellos años que hoy evoco con alegría.
!Teatro Campoamor, no dejes que lo que queda de ti caiga estrepitosamente al suelo ¡
¡Yérguete como lo que fuiste, un coloso de la comedia y el vodevil, de la zarzuela y la opereta , del vernáculo y de las ensaladillas humorísticas¡ ¡Que como en el pasaje de Elías del Antiguo Testamento surjas de tus huesos hoy secos y de tus cenizas¡
Amén.
Teatro Campoamor, crónica de Miguel Barnet tomada de Arquitectura cubana. Metamorfosis, pensamiento y crítica. Selección de textos. Artecubano Ediciones, La Habana, 2002.

Portada del disco con la adaptación del cuento Fátima o el Parque de la Fraternidad en la voz de su autor Miguel Barnet. El texto fue premio Juan Rulfo 2006 en el concurso que anualmente convoca Radio Francia Internacional. La grabación fue realizada en Habana Radio, emisora de la Oficina del Historiador de La Habana, el 16 de mayo de 2007 bajo la dirección general de Magda Resik Aguirre. Grabación y edición: Alexis Rodríguez. Diseño: Masvidal.