lunes, 22 de junio de 2009

LO QUE PREFIERO DE LOS CEMENTERIOS


Por: Lázaro Sarmiento.

De los cementerios chinos me atrae la simbología de su vegetación.

De los cementerios judíos admiro el rito de las pequeñas piedras colocadas sobre las tumbas.


La Necrópolis de Colón, con sus panteones como obras de arte, me invita a reflexionar sobre la vanidad faraónica de muchas familias de la antigua burguesía cubana. Algunos de sus miembros reposan hoy en modestos camposantos de otros países, lejos del esplendor funerario diseñado desde sus palacetes del Vedado y del oeste de La Habana.



En los cementerios chinos, “las personas antes de fallecer solicitan la siembra de plantas sobre el montículo de tierra que cubrirá sus restos. Eligen la especie de planta de su preferencia y la disposición de éstas en la tumba, y de acuerdo con su voluntad pueden ser cortadas al cumplirse el primer año del fallecimiento.”



Como en un cementerio chino, escogería para la última curiosidad de la vida estar cerca del oreganillo. Esta planta ha resistido en mi ventana durante años el smog, el salitre y las altas temperaturas.
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