miércoles, 15 de octubre de 2008



La veneración de un monstruo.
Por: Lázaro Sarmiento

La madre de todas las películas de monstruos, para mí es la madre de diversas emociones personales.

Fue en una fecha de la década de 1960 cuando descubrí a King Kong frente a la pantalla de un aguerrido televisor Emerson. La memoria de aquella proyección es también la historia de un rapor. Lo mismo me sucedió luego con Los pájaros, Hair, El Jardín de los Finzi Contini, Bella de día y La nave va. Guardo más detalles del entorno en el cual descubrí estas películas y de la reacción emocional subsiguiente que de las historias mismas que contaban.

King Kong se estrenó el 2 de marzo de 1933 en el Radio City Music Hall, de Nueva York .El gorila batiéndose con una flota de aviones desde lo más alto del Empire State Building constituye una de las imágenes banderas del siglo veinte.

La heroína .El monstruo. Escenarios exóticos y remotos. La pelea con el dinosaurio. El peligro. Los nativos de la isla de Cráneo. La aventura .El misterio. Los mundos perdidos. La jungla de asfalto. Poderosos atractivos para un niño que quiere fabricar sus propios villanos y heroínas. Además, King Kong representó para este bloguero el deslumbramiento por el cine en una edad en que la mente es muy vulnerable a los estímulos.

Un monstruo movido por una rudimentaria animación stop motion puede recuperar escenas de un tiempo de mi vida que se parecía a la felicidad. Tal vez lo era.
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