viernes, 9 de enero de 2009

Los Beatles: ¿quién era el más importante?
Por: Lázaro Sarmiento

John Lennon era el listo, el genio. McCartney era el tonto y los demás casi no existen.
John era el roquero y Paul el baladista. John Lennon era el líder y el director de los Beatles.

Estos son algunos de los criterios que existen sobre los integrantes del legendario grupo británico y que Lázaro Blanco Encinosa, profesor de la Universidad de La Habana, desmonta en su ensayo titulado Las canciones de los Beatles: mitos y realidades, publicado en el número 53 (2008) de la revista Temas.

El investigador Blanco Encinosa analiza las estadísticas de la creación de los Beatles, el método creativo de Lennon y McCartney, el impacto de la agrupación en el mundo, y la producción musical de sus integrantes luego de la separación.

De inmediato varias afirmaciones que son explicadas en el texto citado:

“John Lennon nuca fue el único líder ni el director de los Beatles. La verdad indica que compartió ese liderazgo, desde el principio, con Paul McCartney.”

“La historia está llena de ejemplos que muestran que había un liderazgo conjunto con Lennon, y en ocasiones por sobre Lennon y hasta en contra de sus opiniones y actitudes”.

“Hay muchas declaraciones de John, muy inteligentes y otras soberanas tonterías, que pudieran derribar el mito del ‘genio entre los tontos’”.

“En cuanto al vanguardismo exclusivo en Lennon, es innegable una posición colectiva de vanguardia en el cuarteto.”

“Los que gustan pensar que John era el roquero de vanguardia y Paul un mero baladista, son injustos con ambos músicos…”

“Lo que sí parece cierto es el criterio de que McCartney era más músico”. Sobre esta última opinión, el profesor Blanco Encinosa comenta: “Si se tiene en cuenta que muchas personas en el mundo que aman la música de los Beatles no entienden el idioma inglés y, por tanto, solo son capaces de apreciar la música y los arreglos de sus canciones, nos daremos cuenta de la importancia que tuvo Paul McCartney en el cuarteto”.


Editada en La Habana, la revista Temas, dirigida por Rafael Hernández, está dedicada a la teoría y al análisis de los problemas de la cultura, la ideología y la sociedad. (http://www.temas.cult.cu/)

jueves, 8 de enero de 2009


Hemingway y su amante mulata en La Habana.
Por: Lázaro Sarmiento

Por la puerta del Bar Floridita de La Habana debió entrar muchas veces Ernest Hemingway acompañado de Leopoldina Rodríguez, una interesante y bella mulata cubana que fue uno de los grandes amores de su vida.

El dato de esta relación sentimental no es inédito pero lo incluyó, entre varias historias, Helio Orovio( 1938-2008) en un delicioso artículo que escribió poco antes de morir y que tituló La ciudad musical de Hemingway. El texto se publicó en la revista Extramuros, del Centro Provincial de la Literatura y el Libro en Ciudad de La Habana.

Apuntaba Orovio que Leopoldina, además del gran amor de Ernest, fue su amiga y confidente a quien protegió económicamente y acompañó solitario en su entierro a fines de los años cincuenta.

Esa mulata cubanísima fue la única mujer por la que el novelista sintió verdadero amor, según Helio Orovio haciéndose eco de varias fuentes. Leopoldina fue su pasión y su compañera de parrandas y de peñas musicales.

“Con ella iba al stadium de La Habana a los juegos de béisbol de Almendares, Marianao, Cienfuegos y Habana, a los matches de boxeo, al jai-lai y desde luego compartía sus estancias en el Floridita”.

Varias décadas después de su muerte, (Ketchum, Idaho, 2 de julio, 1961), a Ernest Hemingway continúan buscándolo los turistas que llegan a La Habana. Casi todos quieren llevarse en sus diminutas cámaras una imagen con el Hemingway de metal colocado en un extremo de la barra del Floridita, uno de los siete bares más famosos del mundo.

El hombre pez en el Duplex de La Habana.

Por: Lázaro Sarmiento

Es una pena que desde la última remodelación del Bulevar de San Rafael hace ya varios años no haya surgido una solución para los locales del Duplex y el Rex. Detrás de la fachada original de ambos cines se acumula en la actualidad el vacío, la oscuridad, algunos fantasmas fílmicos y una flota de carritos para la recogida de basura.

Locales gemelos en la Calle San Rafael entre Industria y Amistad, en el corazón de La Habana, parece que van a desaparecer definitivamente como cines.

Rex Cinema. Inaugurado el 20 de mayo de 1938 fue el primer cine de Cuba dedicado exclusivamente a la exhibición de filmes documentales, cortometrajes y noticieros. Butacas: 750.

Duplex. Inaugurado en 1947 por la empresa del Rex Cinema, ambos cines compartían la misma fachada y entrada y tenían un vestíbulo común. A diferencia de su vecino, el Duplex ofrecía películas de ficción. Butacas: 500.


Fui a estas salas de pequeño y adolescente pero luego, no sé por qué, salieron de mis rutas habituales. Había un ambiente cosmopolita y elegante en su vestíbulo que debió impresionarme de niño en la década del sesenta. Estos cines flotan en mi memoria con una nostalgia tramposa, fabulativa.

Recuerdo a un intérprete tocando el piano en el salón (Tal vez Estas en mi corazón, de Lecuona, o Begin the biguine, de Porter) mientras en la pantalla del Duplex proyectaban El hombre anfibio. Esta película rusa, entonces soviética, realizada en el año 1961 estuvo largo tiempo en cartelera. Al hombre pez debió gustarle la antigua acera con serpentinas azules de la calle San Rafael.

martes, 6 de enero de 2009

El desquiciado testamento de Lillian Hellman.


Por: Lázaro Sarmiento

Decía Harold Pinter que al borde de la muerte no hay tiempo para pensar, sólo para sentir. Antes de ese instante, hay personas que disponen con meticulosidad el destino de sus bienes materiales.

El libro de los testamentos, con selección e introducciones de Liliana Viola (2ª. Ed. Buenos Aires: El Ateneo, 1997) recoge una buena selección de testamentos que informan más sobre sus autores que algunas biografías.

El testamento de Lillian Hellman, fallecida en 1984, demuestra que no olvidó a ninguna de las personas que la rodeaban. Por ejemplo, a un tal Howard Bay le deja “el dibujo de Foray y la jaula de madera que cuelga del cielo raso del living de su apartamento de New York.”

A Selma Wolfman, “el prendedor sinfín que me regaló Dashiell Hammett”. A Mike Nichols, “el póster de Toulouse Lautrec”. Para Rita Wade, “cualquiera y todos los abrigos que ella elija, mi reloj de oro y el gran alfiler de platino y diamantes con forma de pluma”.La lista es larga.

Este documento despertó controversias. La Hellman nombra a varios fiduciarios de su propiedad literaria sin aclarar en ningún momento en qué porcentajes y qué derechos le corresponden a cada uno.

La jueza encargada de interpretar el testamento declaró: “Si bien las obras literarias de Lillian Hellman pueden ser consideradas obras maestras, su testamento es obra de alguien que no repara en las palabras, una desquiciada”.

Los testamentos enseñan mucho sobre la psicología humana.

domingo, 4 de enero de 2009

Radio Ciudad en los mapas del cielo.
Por: Lázaro Sarmiento

Llamando a todas las estrellas.
Llamando a todas las estrellas.
Si en el universo hay seres capaces de captar este mensaje
que respondan­!

Este mensaje se transmitía a finales de la década de 1980 desde Radio Ciudad de La Habana, de lunes a viernes, entre las 10 y las 11 de la noche. Durante ese horario, el programa Radio Futuro, dirigido por el autor de este blog y conducido por los locutores Gladys Roque y Danilo José, pretendía establecer contacto con seres de otros sitios de la galaxia a través de la modesta antena de la emisora, ubicada en la azotea del Edificio ENE, en La Rampa, la zona de la capital cubana preferida por los jóvenes.

En Radio Ciudad de La Habana teníamos la esperanza de que en cualquier momento, al abrirse la puerta del ascensor, recibiríamos el saludo de alguna extraña criatura venida de un planeta lejano.

Muchos años después de los “divertimentos galácticos” de Radio Ciudad, el poeta Sigfredo Ariel, en esa época uno de los pilares de la emisora, publicó en su libro Born in Santa Clara (Ediciones Unión, 2006) el siguiente poema que evoca aquellos días de radio colmados de tanteos, alegrías y hallazgos.

El mensajero.

En programas de radio dedicados al triunfal
avance de la tecnología y la zafra del café
Lázaro Sarmiento transmitía mensajes
dirigidos a remotas galaxias: palabras a los seres
que deben dormitar en planetas si acaso
registrados con números y letras
en los mapas del cielo.

En el interior de ciertos carros que llevan
a los habaneros a las playas del oeste
Lázaro Sarmiento me contó sus dos o tres
encuentros con personas sospechosas
de haber arribado de otros mundos:
Junto al gran arrecife de la calle 70
donde ahora hay hoteles de nombres mitológicos
descubrió poblaciones de extraña procedencia
Si bien examinó sus ojos y sus cuerpos
no sacó nada en claro, me parece.

Pero en un rincón del cosmos
han de estar amontonados cientos y cientos
de mensajes que Lázaro Sarmiento
ha lanzado al Enigma con toda impunidad
empleando pequeños transmisores
propiedad del gobierno.

Un grupo de trabajadores de Radio Ciudad de La Habana durante una excursión a la playa, en una fecha no precisada anterior a 1991. El primero de la izquierda Ángel Márquez (hoy en Radio Habana Cuba), después Lázaro Sarmiento. La cuarta, en la misma fila, Edelsa Palacio, directora entonces de la emisora. Le siguen, entre otros,Viñoli, Luisa Margarita (con espejuelos); a su lado, un casi adolescente Harold Perdomo junto a Xavier Rodríguez (abrazado a Eda Esquivel). En el extremo derecho, vestido de blanco, Alfredo Balmaseda, con elegancia veneciana. Sentado en la arena, con pulóver a rayas, Sigfredo Ariel. Había más personas pero estaban entretenidas en otras zonas de la costa.

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