lunes, 21 de enero de 2008

FRANCESCA BERTINI EN UN RECORTE DE PERIODICO


Por: Lázaro Sarmiento

Descubrí a Francesca Bertini en 1981, cuatro años antes de su muerte. Y como todo hallazgo tardío, mi ignorancia sobre la primera diva, fue compensada con la emoción y la pirotecnia.

El escritor Miguel Barnet me había traído de Madrid un ejemplar de El País que ,en la sección de Artes ,incluía dos fotos de la legendaria actriz italiana. La primera es de archivo y pertenece al melodrama operístico Asunta Spina (1914). Esta es la única película que se conserva de su etapa silente.

La otra imagen muestra a la Bertini a los 90 años acompañada por el actor Fabio Testi. El Festival de Cine de San Sebastián había homenajeado por esos días a la antigua reina de las divas y ella acudía a todos los actos oficiales del brazo de Testi, como escoltada por un gigoló de lujo.

Entonces no existía Internet, el mundo no se había globalizado como ahora y un simple recorte de periódico constituía un valioso regalo para quienes la información constituye mucho más que acumular datos: es morbo y placer.

Dije "descubrí a Francesca Bertini" porque, hasta esa fecha, era solo un nombre leído en las enciclopedias de cine. En sus películas"sobresalía la frescura de una niña en su rostro de mujer, con perfil sensual de camafeo”. Luego estaba “la belleza de sus ojos, bordeados de negro por un maquillaje que los volvía más misteriosos”.

Muy poco quedaba de esos ojos en la fotografía de 1981. Francesca, con un gesto que es muy parecido en las estrellas de todas las épocas, saludaba con una mano al auditorio o, quizás, le hacía un postrero guiño a la eternidad porque personalidades como ella son conscientes de su propia simbología .

Con hilos invisibles debieron sostenerse las pestañas de Francesca Bertini para no sucumbir al bombardeo de cientos de cámaras que la arropaban en una lluvia de luz.

Los ojos que "embrujaron" a los hombres de las primeras generaciones del cine, ahora imitaban un jeroglífico chino, como dibujados por finas líneas de rimel. En algún momento, la anciana debió acordarse de su antiguo poderío y fue entonces cuando sus ojos brillaron como los de una fiera: “Yo fui la primera diva, y era sólo una actriz que había creado un tipo de mujer. Yo inventé el neorrealismo… Pero lo hice toda sola: yo creé a Francesca Bertini”.

Afirmó que tenía el secreto de la juventud pero que no se lo diría a nadie y que regresaría a San Sebastián dentro de diez años.

Las razones por las que blindamos en la memoria elementos simples del pasado - el rastro de una colonia, el plateado de una fosforera en cualquier esquina oscura, o Francesca Bertini en un recorte de periódico – arman un mecanismo complicado, aunque parezca sencillo desde fuera.

Los grandes acontecimientos no siempre son los que marcan una vida .
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