
Por: Lázaro Sarmiento
Aunque los editores advierten que el libro revela a un Carpentier diferente al conocido por su obra, es mucho más de lo que esperaba. Fascinante este recorrido por la intimidad y la vida cotidiana de un joven periodista y escritor. No he podido soltar de las manos Cartas a Toutouche, publicado por la Editorial Letras Cubanas. Sus páginas recogen la correspondencia de Alejo Carpentier a su madre, Lina Valmont, durante su estancia en París desde 1928 hasta 1937.
Aquí un fragmento de una de las cartas:
“Pero tú ignoras que es la tercera mujer que tengo desde que estoy en París. La primera fue una argentina. La segunda, una escritora francesa. Mujeres superiorísimas, pero duras como la piedra. Y yo, en materia sentimental, soy un verdadero bárbaro: quiero dominar absoluta y totalmente. Mato sus iniciativas, porque no tolero la menor majadería, la menor diferencia de opiniones, la menor palabra desagradable. Y yo había hecho de Maggie una mujer que era mi reflejo absoluto. Mis amigos la adoraban: Varese, Desnos, Gaillard…De todos modos no estamos peleados ni distanciados. Hemos decidido volver a nuestra vida por separado, eso es todo.
Nos veremos como los enamorados cursis “de cinco a siete” y eso es todo.”
Otra muestra:
“Cuando hablo de triunfos de Roldán o Caturla en París, no me guía un espíritu de partidarismo o de simpatía personal. Es el nombre de Cuba y de la música cubana el que está en juego. Si mañana un Lecuona, a quien no estimo personalmente, obtiene un éxito parecido, al de Moisés Simons, o escribe una obra comparable a las de Caturla, creo mi deber escribir un artículo sobre él, a pesar de que prefiera no frecuentar al personaje”.

(Graziella Pogolotti en el Prólogo de Cartas a Toutouche.
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