jueves, 12 de septiembre de 2013

RADIOCENTRO



Primero fue inaugurado el teatro de la esquina de L y 23, en El Vedado. Tres meses más tarde abría sus puertas el edificio del imperio radial de los Mestre.

“La primera concreción plena del Movimiento Moderno se asume convencionalmente expresada en el edificio Radiocentro, de los arquitectos Gastón y del Junco, donde en 1944, se introduce la lectura funcional de cada componente volumétrico y una estética funcional sin deudas con el eclecticismo, en un programa avanzado para la época”.

(Arquitecto Luis Lápidus en el libro póstumo La Encrucijada del Tiempo, presentado en La Habana).

“Como mayor accionista de la CMQ y con la ayuda de empresarios nacionales y norteamericanos, compró los terrenos de la esquina de L y 23 donde, el 3 de marzo de 1946, se puso la primera piedra del futuro Radiocentro, y el 12 de marzo de 1948, se inauguró, con un costo de 3 millones de pesos que, incluía aire acondicionado de 280 toneladas, el primer edificio que en Cuba tuvo ese servicio proporcionado por una planta central”.

Josefa Bracero refiriéndose a Goar Mestre en su libro Televisión: ¿Ángel o demonio” (EnVivo Ediciones, La Habana, 2012).


“Según específica el historiador Oscar Luis López, en su obra La Radio en Cuba, el 23 de diciembre de 1947, había sido inaugurado el aledaño Teatro Warner, con capacidad de mil seiscientas cincuenta lunetas, que debió su nombre a la compañía de películas Warner Brothers, que lo tenía arrendado. Y el 2 de enero de 1953, este teatro pasó totalmente a la administración de los hermanos Mestre, ocasión en que se le cambió el nombre por el de Radiocentro, actualmente cine Yara.

martes, 10 de septiembre de 2013

EL DESEO



Siempre quise esperar a alguien a la salida del cabaret, muy entrada la madrugada, jugando con la chispa de la fosforera. Luego, caminar por el medio de las calles semi vacías, dejando una estela de colonia. Subir las escaleras, cerrar la puerta, encender la música, abrir dos cervezas, intercambiar el alcohol entre las bocas, hacer el amor vulgarmente, mirar los techos de La Habana desde la ventana, extender mis brazos como almohada en el cuello... Todo lo disfruté en demasía. Solo faltó un detalle en este territorio de los deseos confesos: el cabaret.

CARTAS SOBRE LA MESA




He puesto sobre la mesa, como en un juego de cartas, todas mis fotos de los últimos 25 años. Busco afanoso el instante en que, de presa, me convertí en cazador. Salgo a la calle, glorificada hoy por una epidemia de belleza. En alguna parte de la ciudad suena una canción, ingenua y torpe. Trato de localizar un rostro conocido para compartir una cerveza. Pero estoy rodeado de anónimos. En la platea del cine, el proyector hace más horrible aún el filme y parece que todos los espectadores han escapado de un geriátrico. Pienso que éste va resultar un mal día. Como animal de costumbres, regreso al Vedado por los atajos de siempre,  con mil formas arquitectónicas y puertas cuyas molduras conozco de memoria. Estoy en mi apartamento, rodeado de imanes, libros, la cafetera, la computadora, el teléfono, la mampostería que beso cada cierto tiempo…En la televisión, un personaje menciona las palabras roon garden . De pronto percibo una sacudida entusiasta. Roon garden me conecta con afinidades privadas. Entonces voy a la caza de mis recuerdos, esa vanidad secreta. Y logro olvidar las cartas sobre la mesa.

lunes, 5 de agosto de 2013

GRETA GARBO FUE SU IDOLO.



Por: Lázaro Sarmiento

A la edad de tres  años,  Eduardo Manet comenzó a asistir al cine   de la mano de  su madre.  Iban a la sala Strand, que estaba en la calle San Miguel, en La Habana.  En una entrevista reciente, el dramaturgo, novelista y cineasta cubano  Manet recordó esa época de su infancia en  la década de 1930:
“La primera película que me marcó (lo juro, no sobre la Biblia, sino sobre la colección completa de Cahiers de Cinéma) fue Anna Karenina con Greta Garbo. Por supuesto, mamá y yo lloramos durante todo el final de la película, con la secuencia con Freddy Bartholomew y la divina Garbo. Quien, dicho de paso, se convirtió, desde entonces, en mi ídolo, una santa a la que a veces yo hacía plegarias. Normal que tenga en la casa los más bellos libros con las fotos de la Divina, así como muchas de sus películas. Por desgracia, no todas están en dvd, aunque sí Anna Karenina, Marie Waleska y La Reina Cristina, con esa imagen del final. Garbo pregunta al eminente (y muy olvidado y a veces despreciado) Mamoulian: “¿Qué debo hacer? Mi amante murió, viajo con su cadáver hacia el exilio”. Respuesta del, en ese momento, genial director: “No haga nada. Su cara debe ser una página en blanco”. Y así fue. La más bella imagen, para mí, de la historia del cine.”

domingo, 9 de junio de 2013

TRENES SOBRE EL MAR.

Durante 46 años miles de toneladas de mercancías entraron a Cuba en vagones de ferrocarril desde Estados Unidos a través del Estrecho de la Florida. Fue la “primera línea internacional de ferrys ferroviarios”. El servicio se inauguró el 5 de enero de 1915 con el arribo al espigón de la ensenada de Atarés, en la Bahía de La Habana, de un lote de vagones refrigerados a bordo del ferry Henry M. Flagler, procedente de Cayo Hueso.

Los vagones de mercancías llegaban a sus destinatarios “de forma expedita, sin ningún tipo de manipulación, trasbordo o almacenaje de la carga”. Con el tiempo se incorporaron otros ferrys, incluidos los dos buques de su tipo mayores del mundo. El trayecto en los primeros tiempos duraba unas siete horas y media.

Se calcula que en el año 1957 el tráfico ferroviario entre Cuba y Estados Unidos sobrepasó el medio millón de toneladas de mercancías. Este sistema de ferrys ferroviarios cesó en agosto de 1961. Ese año, a causa del bloqueo del gobierno norteamericano contra Cuba, dejaron de llegar al puerto de La Habana “los trenes que circulaban por el mar”.


Estos datos aparecen publicados en un artículo de Manuel Rodríguez González, en la revista Mar y Pesca, de mayo de 2013.
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